Toda la bondad del pasado, del presente y del futuro, Cristo la concede a su pueblo.
En las edades misteriosas del pasado, el Señor Jesús fue el primer elegido de su Padre, y en su elección nos dio un interés, pues fuimos escogidos en él desde antes de la fundación del mundo. Tuvo desde toda la eternidad las prerrogativas del filiazgo, como el unigénito y muy amado Hijo de su Padre, y nos ha elevado, en las riquezas de su gracia, por la adopción y la regeneración, también al filiazgo, de modo que nos ha dado "potestad de ser hechos hijos de Dios." El pacto eterno, fundado en la fianza y confirmado con juramento, es nuestro, para nuestro fuerte consuelo y seguridad. En los decretos eternos de la sabiduría predestinante y del decreto omnipotente, el ojo del Señor Jesús estuvo siempre fijo en nosotros; y podemos estar seguros de que en todo el registro del destino no hay una sola línea que vaya contra los intereses de sus redimidos.
El gran desposorio del Príncipe de la gloria es nuestro, pues a nosotros está desposado, como declararán pronto las sagradas nupcias a un universo congregado. La maravillosa encarnación del Dios del cielo, con toda la asombrosa condescendencia y humillación que la acompañaron, es nuestra. El sudor de sangre, el azote, la cruz, son nuestros para siempre. Cualesquiera consecuencias dichosas que broten de la obediencia perfecta, de la expiación consumada, de la resurrección, de la ascensión o de la intercesión, todas son nuestras por su propio don.
Sobre su pectoral lleva ahora nuestros nombres; y en sus ruegos autorizados ante el trono se acuerda de nuestras personas y defiende nuestra causa. Su dominio sobre principados y potestades, y su absoluta majestad en el cielo, los emplea en beneficio de los que confían en él. Su alta posición está tan a nuestro servicio como lo estuvo su condición de abatimiento. ¡El que se dio a sí mismo por nosotros en lo profundo de la aflicción y de la muerte, no retira ahora la concesión, estando entronizado en los más altos cielos!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: May 9 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.