¿Cómo conduce el Señor Jesús, que habla aquí bajo el nombre de Sabiduría, a sus santos «por la senda de la justicia»? Derramando una luz misteriosa en sus almas, con la cual ven lo que la Palabra de Dios ha revelado, y esparciendo un poder misterioso en sus corazones, con el cual se crea fe para recibir, asir y creer lo que Dios ha dado a conocer. Podemos leer la Palabra de Dios para siempre en vano, a menos que esa palabra sea hecha vida y luz a nuestras almas; pero cuando el Señor el Espíritu, cuyo oficio y obra del pacto es tomar de las cosas de Jesús y revelarlas al corazón, derrama una luz misteriosa y bendita sobre aquellas Escrituras que hablan de Jesús como cumplidor de la ley y autor de una justicia gloriosa, y al mismo tiempo se digna a levantar fe y poder en el corazón para recibir, creer, abrazar y palpar lo que así reveló, entonces, por su propio poder persuasivo, conduce al alma «por la senda de la justicia».
¡Y qué camino tan admirable! Que Dios haya hallado un modo de hacer justos a todos sus pueblo imputándoles la justicia de otro. Será el asombro, el cántico de los santos por toda la eternidad; agotará todas las profundidades de su finita sabiduría escudriñar estos secretos de sabiduría, amor y poder. Sí, los mismos ángeles, que tanto superan al hombre en sabiduría, son presentados como «deseando mirar» estas cosas, y por eso, cuando se hizo el arca y se puso el propiciatorio sobre las tablas encerradas en ella, los serafines fueron formados mirando hacia abajo sobre aquel propiciatorio de oro, representando cómo la altura, anchura, longitud y profundidad de estos misterios rebasan aun las facultades de los ángeles mismos.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: June 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.