Necesidades suplidas por Dios

Cristo nuestra viva esperanza en medio de toda desesperanza

Toda esperanza que no se funda en Cristo es falsa y se desvanece, pero la esperanza que Dios da tiene a Jesús por base, al Espíritu por autor y al cielo por meta segura.

¡Qué posesión tan preciosa del alma creyente, brotada del Señor como su porción, es la esperanza! Arranca al pobre mundano su esperanza, aunque sea sólo terrenal y marchita como el sol del ocaso, y lo habrás sumido en el abismo oscuro y profundo del desánimo y la desesperación. El hombre sin esperanza es el ser más miserable del universo. Pero con la esperanza del cristiano ardiendo en su corazón, una esperanza de la cual Dios es el dador, Jesús el fundamento, el Espíritu el autor y el cielo la meta, no vive entre los felices un ser más feliz que él. Así el creyente es «salvo por esperanza».

El primer paso para poseer a Cristo como esperanza es renunciar a toda otra. Una esperanza del cielo fundada en la obediencia a la ley, en nuestros méritos personales, en algo bueno que imaginamos ser o poder hacer, es falsa; y si se persiste en ella, hará a su engañado poseedor lamentable y eternamente avergonzado. Pero tú, oh creyente, no has aprendido así a Cristo, si es que has sido enseñado por Él. El Espíritu Santo ha escrito la sentencia de muerte sobre ti mismo y sobre toda obra muerta que brota del yo; y huyendo de tu propia justicia como de un vestido manchado, has corrido a Cristo y, envolviéndote por fe en su justicia, labrada por su obediencia y teñida en su sangre, eres justificado y salvo. Y ahora tienes una «esperanza buena por gracia» y «paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo».

Cuida que la lámpara de tu esperanza cristiana esté siempre guarnecida y ardiendo con claridad. El aceite de oro que la alimenta se saca de Jesucristo, y la mano que aviva la llama es la fe. Construida sobre Cristo y brotando de Él, no puede extinguirse del todo, pues Él mismo es nuestra esperanza. Así, como un hermoso sol poniente, crecerá más grande y luminosa al descender, hasta disolverse en el resplandor eterno del cielo y perderse en la plena fruición de la gloria. Con una esperanza tal como Cristo, ¡cuán fuerte y solemne es la obligación de negar toda impiedad y los deseos mundanos, y vivir piadosa, justa y sobriamente en este presente siglo malo! «Todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro». ¡Anímate, pues, alma desconsolada!

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE LORD MY HOPE

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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