La vida de Cristo para cada día

Cristo ora por todos los que creerán en Él

En su oración sacerdotal, Jesús no intercede sólo por los apóstoles, sino por cada creyente futuro. Ni el más pequeño, ni el más débil, ni el más humilde queda olvidado en su eterna intercesión.

Consideramos un privilegio escuchar las oraciones de los santos eminentes, especialmente en sus horas finales. ¡Cuán inestimable es la bendición que disfrutamos al poseer el registro de esta oración del Hijo de Dios! Los apóstoles debieron escuchar cada frase con el más profundo interés. Sus lágrimas quizá fluyeron copiosamente mientras su Maestro oraba, pero esas lágrimas debieron ser menos amargas que antes. ¡Qué consuelo debió darles oír a Jesús ofrecer esta petición: «Padre, quiero que los que me has dado, estén conmigo donde yo estoy»! Ellos deseaban sinceramente estar con Él. ¡Cuán apenados se sintieron cuando, en la mesa de la cena, le oyeron decir: «Donde yo voy, no podéis venir»! Después Jesús suavizó la dureza de la sentencia diciendo a Pedro: «Donde yo voy, no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después». Ahora le oían orar para que todos estuvieran con Él, y vieron claramente que Él deseaba tenerlos consigo.

¿Y fue sólo por ellos por quienes oró? ¡No! No nos ha dejado en duda sobre este asunto. Dijo: «Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos». Al pronunciar esta petición, tenía en sus pensamientos a toda criatura que alguna vez ha creído en Él o que alguna vez creerá en Él; ni uno tan débil, tan joven, tan humilde, como para ser olvidado. El pequeño niño que, al morir, balbuceara con corazón amoroso las palabras de su Salvador: «Dejad a los niños venir a mí»; el mendigo enfermo que, tendido en su lecho, exclamara con fe viva: «Ven, Señor Jesús»; sí, incluso el criminal condenado que, camino del cadalso, con verdadero arrepentimiento golpeara su pecho y dijera: «Señor, sé propicio a mí, pecador»; cada uno de estos fue recordado por el Hijo de Dios cuando dijo: «Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos».

¿Y no espera cada uno de nosotros haber sido incluido en esta petición? Si creemos en Jesús, si alguna vez creeremos en Él, fuimos incluidos en ella. Y si Él oró por nosotros entonces, ora por nosotros ahora; pues nunca ha cesado de interceder por todos los creyentes. Si alguien piensa en su corazón: «¡Qué consuelo sería para mí saber que mi Salvador ora por mí!», que se haga esta pregunta: «¿Oro yo por mí mismo?». Todos los que creen en Jesús oran al Padre en su nombre. Piden precisamente las cosas que Él pidió. Él dijo: «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy». ¿Es este nuestro deseo? ¿Es esta nuestra oración? ¿Pedimos alguna vez al Padre que nos permita vivir para siempre con Él, para que contemplemos la gloria de Jesús? Hay muchos que desean ir al cielo para escapar del dolor y la aflicción; pero sólo aquellos que creen en Jesús desean contemplar su gloria. Y Él desea que la contemplen, y ora para que puedan hacerlo. ¿Puede su oración ser rechazada? Imposible. Cuando Jesús esté sentado en su trono de gloria y contemple la vasta multitud de los redimidos, sabrá si alguno de ellos falta. A cada uno ha amado, por cada uno ha muerto, por cada uno ha orado; no podría olvidar a uno solo. No quedaría satisfecho si alguno estuviera ausente. Puede que le hayamos amado sólo por un breve tiempo, unos pocos años, o sólo unos pocos días; pero Él nos amó antes de la fundación del mundo. Nuestras oraciones a Él han sido breves y débiles; pero sus oraciones por nosotros fueron ofrecidas antes de que naciéramos, y desde que nacimos. Mientras dormimos, Él ora; e incluso cuando pecamos, Él ora. «Vive siempre para interceder por ellos que por medio de él se acercan a Dios».

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: to end. Christ prays for all who shall believe on him

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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