La vida de Cristo para cada día

Cristo prepara a sus discípulos para las aflicciones

Jesús anticipa a los suyos las pruebas que vendrán para que no tropiecen, recordando que en la aflicción se acrisola la tentación de desconfiar del amor de Dios.

Ninguno de nosotros sabe qué aflicciones particulares seremos llamados a soportar. El Señor Jesús fue el único hombre que conocía todas las cosas que le sobrevendrían. Incluso el apóstol Pablo, que era profeta, dijo: "Ahora, he aquí, ligado yo en el espíritu, voy a Jerusalén, sin saber las cosas que me han de acontecer allí" (Hech. 20:22). Sin embargo, Dios ha revelado a veces a los hombres algunos de los sucesos futuros de su vida. Le dijo a David que se sentaría en un trono, y después predijo que la espada nunca se apartaría de su casa. Tiene sabias razones para extender un velo espeso sobre el futuro, y tiene sabias razones para levantar a veces una esquina del velo y permitir a los hombres echar un vistazo a sus consejos.

El Señor Jesús juzgó conveniente decir a los discípulos algunos acontecimientos que les sucederían. Dijo: "Os echarán de las sinagogas; y aun viene la hora en que cualquiera que os matare pensará que rinde servicio a Dios." ¿Cuál fue su razón para ponerlos al tanto de estas aflicciones? Él mismo lo declara: "Estas cosas os he hablado, para que no seáis escandalizados," o hechos tropezar. Hay una fuerte tentación, en tiempos de gran aflicción, de desconfiar de Dios. Es muy difícil, cuando él nos hiere, creer que nos ama. Cuando somos prósperos y felices, entonces es fácil decir: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo." Entonces es fácil creer, o pensar que creemos, que no aflige ni entristece con gusto a los hijos de los hombres. Pero cuando se consume uno en un calabozo, o se ve amenazado con la hoguera, entonces es difícil no imaginar que Dios se ha olvidado de ser clemente. Cuando Satanás quiso privar a Job de todos sus consuelos, sabía cuánto sería tentado aquel hombre fiel a hablar contra su Dios. Quienes han experimentado aflicciones amargas pueden recordar la lucha en su corazón en tales momentos. Jesús conocía la debilidad de sus discípulos; sabía lo que sentirían al ser echados de las sinagogas y condenados a una muerte cruel. Por eso los preparó para estas pruebas, para que, cuando fueran afligidos, pudieran pensar: "Estas no son cosas extrañas que nos han sobrevenido; nuestro Señor nos dijo antes que sucederían."

Hace algunos años una mujer malgache fue cruelmente perseguida por la reina de Madagascar. Durante cinco meses estuvo encerrada en una jaula de hierro que le impedía mover un solo miembro, y durante mucho tiempo vagó por los bosques, viviendo de raíces silvestres, para escapar de la lanza del verdugo. Después, ya en Inglaterra, le preguntaron si la habían sorprendido estas pruebas. Ella respondió: "¡Oh, no! Había leído en la palabra de Dios que 'debemos sufrir tribulación', y esperaba que vinieran las pruebas."

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ prepares his disciples for afflictions

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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