La mente de Jesús

Cristo recibe al pecador arrepentido

Cristo recibió al quebrantado sin trivializar el pecado. Su misericordia enseña a corregir con verdad y a restaurar con paciencia.

La acusación irónica de los fariseos era clara: «Este hombre recibe a pecadores». Pero aquello que dijeron como reproche era una gloria para el Salvador. Jesús vino a llamar al arrepentimiento, no a proteger apariencias religiosas. Publicanos, marginados y culpables encontraron en sus pies una bienvenida que sanaba.

Ese no fue el estilo de un maestro preocupado por su reputación. Cuando Nicodemo llegó de noche para no ser visto, Jesús no le cerró la puerta ni lo humilló por su temor. Al pecador que se acerca con necesidad, Cristo responde con gracia: «al que a mí viene, no le echo fuera».

Sin embargo, su misericordia nunca fue permiso para banalizar el pecado. Hay que condenar la ofensa sin tratar al ofensor como si estuviera más allá del alcance de la gracia. La culpa debe ser llevada a la luz para ser perdonada, no aplastada bajo desprecio humano.

Si Cristo abrió sus manos a los más caídos, ¿con qué dureza miramos al que tropieza? No somos jueces de última instancia ni dueños de la puerta del reino. Corrijamos con amor, acompañemos con paciencia y recordemos que la gracia puede cambiar destinos.

Que cada encuentro con un alma herida nos haga preguntar: ¿he ayudado a sacarla del fuego, o la alejé con palabras de desprecio? La mente de Jesús recibe al pecador arrepentido y lo conduce a una vida nueva.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: RECEIVING SINNERS

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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