Una áurea verdad se encierra en el hecho de que el Salvador rechazó de sus labios la copa de vino con mirra. En las alturas del cielo el Hijo de Dios estaba antaño, y al mirar hacia nuestro globo midió el largo descenso hasta los más profundos abismos de la miseria humana; sumó el total de todas las agonías que la expiación requeriría, y no rebajó ni un ápice. Solemne y firmemente determinó que, para ofrecer un sacrificio expiatorio suficiente, debía recorrer todo el camino, desde lo más alto hasta lo más bajo, desde el trono de la suprema gloria hasta la cruz del más profundo dolor. Esta copa con mirra, con su efecto sedante, lo habría detenido un poco antes del límite extremo de la miseria; por eso la rechazó. ¡No se detendría antes de haber sufrido todo lo que se había propuesto padecer por su pueblo!
Ah, ¡cuántos de nosotros hemos suspirado por alivios a nuestra pena que nos habrían sido dañinos! Lector, ¿nunca pediste con impaciencia y obstinado ahínco que te libraran de un servicio penoso o de un sufrimiento? La providencia ha quitado de ti, de un golpe, el deseo de tus ojos. Cristiano, ¿dijiste: "Hágase tu voluntad"? ¡Oh, qué dulce es poder decir: "Mi Señor, si por otras razones no necesito sufrir, pero si puedo honrarte más sufriendo, y si la pérdida de todo lo mío te trae gloria, así sea. Rehúso el consuelo si viene a costa de tu honra." Ojalá anduviéramos así más en las huellas de nuestro Señor, soportando con gozo el sufrimiento por amor a Él, apartando pronta y voluntariamente el pensamiento del yo y del bienestar cuando interfiriera con terminar la obra que Él nos ha dado que hacer. Gran gracia se necesita, ¡pero gran gracia está provista!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: August 18 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.