El glorioso grito de nuestro Redentor, "¡Consumado es!", fue la campana mortuoria de todos los adversarios de su pueblo, el quebrantamiento de "los escudos, las espadas y los armamentos de sus enemigos". He aquí al héroe del Gólgota usando su cruz como yunque y sus dolores como martillo, despedazando haz tras haz nuestros pecados, aquellas envenenadas "saetas del enemigo"; pisoteando toda acusación y destruyendo todo cargo. ¡Qué golpes tan gloriosos da el poderoso Quebrantador con un martillo mucho más pesado que el fabuloso arma de Thor! ¡Cómo saltan en pedazos los dardos diabólicos, y los escudos infernales se rompen como vasijas de alfarero! He aquí, saca de su vaina, de infernal hechura, la espada temible del poder satánico; la quiebra sobre su rodilla, como quien parte un leño seco, y la echa al fuego.
Amados, ningún pecado del creyente puede ser ahora una saeta que lo hiera de muerte, ninguna condenación puede ser ya una espada que lo mate, porque el castigo de nuestro pecado fue llevado por Cristo, y se hizo una expiación completa por todas nuestras iniquidades mediante nuestro bendito Sustituto y Fiador. ¿Quién acusa ahora? ¿Quién condena ahora? Cristo ha muerto; más aún, ha resucitado. Jesús ha vaciado las aljabas del infierno, ha apagado todo dardo de fuego y ha arrancado la cabeza de toda saeta de ira. El suelo está sembrado de las astillas y los restos de las armas de la guerra del infierno, que solo son visibles para nosotros a fin de recordarnos nuestro antiguo peligro y nuestra gran liberación. ¡El pecado ya no tiene dominio sobre nosotros! Jesús ha puesto fin a él y lo ha quitado para siempre. Oh enemigo, tus destrucciones han llegado a su fin perpetuo. Hablad de todas las maravillas del Señor, los que hacéis mención de su nombre; no guardéis silencio, ni de día ni cuando el sol se pone. Bendice, alma mía, al Señor.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: June 11 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.