La vida de Cristo para cada día

Cristo se defiende de sanar en el día de reposo

Jesús fue despreciado por su falta de instrucción y acusado de tener demonio, pero respondió con mansedumbre y sabiduría, revelando el engaño de sus acusadores y el deseo de darlos a conocer al Padre.

En estos versículos tenemos un nuevo ejemplo del modo insultante en que Jesús fue tratado en la tierra.

Fue despreciado por carecer de instrucción. «¿Cómo sabe éste letras?», exclamaron con desdén los judíos, «sin haber estudiado». Poco después, su insolencia creció, y clamaron: «Demonio tienes». Este trato dio a Jesús la oportunidad de mostrar su mansedumbre. Toda circunstancia que nos sucede ofrece la ocasión de cultivar alguna gracia. La decepción ofrece la ocasión de ejercer la resignación; el disfrute, de mostrar gratitud; cuando somos alabados, ese es el momento de la humildad; cuando somos insultados, ese es el momento de la mansedumbre; toda tentación de pecar brinda una ocasión de manifestar fidelidad a Dios.

Jesús mostró no solo gran mansedumbre, sino también gran sabiduría, en su trato con pecadores perversos. Él sabía qué acusación tenían contra él, a saber, que en el día de reposo había sanado al impotente que yacía junto al estanque. Con admirable habilidad descubrió la inconsistencia de ellos al acusarlo de quebrantar el día de reposo por realizar una obra de misericordia; pues dijo que incluso ellos mismos cumplían las ceremonias de la ley de Moisés en el día de reposo. ¡Cuán fácil le es a Jesús mostrar a los hombres el engaño de sus pretextos! En el último día, los que profesan tener los mejores motivos para hacer las peores cosas quedarán confundidos y sin palabras ante su Juez.

¡Qué ignorancia mostraron quienes decían que Jesús no podía ser el Cristo prometido, porque sabían de dónde era! Imaginaban saber de dónde era; pero se equivocaban; no sabían que él venía de Dios. Así que Jesús les respondió con una pregunta, pues las palabras del versículo 28 deben entenderse como tal: «¿Me conocéis a mí, y conocéis de dónde soy?». Con esto quería decir: «Vosotros pensáis que sabéis de dónde soy, pero no lo sabéis».

Entonces Jesús añadió estas palabras acerca de su Padre: «¡Yo le conozco!». ¡Cuán dichosos son los que pueden decir con verdad del Padre: «Yo le conozco»; pues el mundo no le conoce, y nadie puede conocerle, sino aquel a quien Jesús se revela a su alma. Pero el Salvador manso y humilde está dispuesto a enseñar a todos los que desean conocer a su Padre. Él vino al mundo «para conducirnos a Dios».

¿Deseamos conocer a Dios? ¿Es este nuestro anhelo principal? Puede parecernos que podemos pasar el tiempo y disfrutar sin conocer a Dios; pero ¿qué haremos en el último día si Dios dijere: «Nunca os conocí, obradores de maldad»?

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ defends himself for healing on the Sabbath day

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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