La compasión y simpatía divinas solo podían revelarse mediante la encarnación de la Deidad. Para que una persona simpatice verdaderamente con otra ha de haber una semejanza de circunstancias: habitar un cuerpo semejante, recorrer un mismo camino, sentir un dolor parecido. Fuera de esto no hay simpatía genuina. Ved aquí cuán apto es Cristo para este propósito: Dios tomó sobre sí nuestra naturaleza a fin de llevar nuestros dolores y cargar con nuestras tristezas.
Como Dios solamente, no podría haber sufrido, llorado ni muerto; como hombre solamente, no habría podido sostener el peso de nuestro pecado y nuestro dolor. Era necesaria la unión de las dos naturalezas en una sola persona para cumplir ambos fines: la divinidad para obedecer y satisfacer la justicia, la humanidad para morir y compadecerse del pueblo en cuyo favor se hizo la satisfacción. Si la deidad de Jesús nos es preciosa, también lo es su humanidad; una de nada vale en la obra redentora sin la otra. El misterio de la piedad es la unión misteriosa de ambas.
Nuestro Señor no se unió a un orden angélico, sino a humanidad pura, hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne. Y la asumió en su forma doliente, identificándose con la tristeza en todos sus aspectos. El Pastor ha ido delante del rebaño y no nos pide caminar por sendero alguno que sus pies no hayan antes pisado. Quizá camines por una senda solitaria, con una prueba tan delicada que no la confías ni a tu amigo más querido; hay un amigo a quien sí puedes abrír tu corazón: Jesús. Ve a Él, no temas, Él te invita. Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - July 31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.