Pensamientos vespertinos

Cristo se manifiesta a quienes le aman en lo secreto

La majestad de Cristo sobrecoge, pero él se revela con tierna cercanía a sus amados, y esas manifestaciones son evidencia de su morada en el corazón.

Tal es la majestad infinita y la hermosura superlativa del Señor Jesús, que si en nuestro estado actual se presentara ante nosotros plenamente descubierto, deslumbrados por el resplandor de su presencia exclamaríamos: «Señor, templa tu gloria a mi débil capacidad, o ensancha mi capacidad hasta la medida de tu gloria.» Cuando en los días de su humillación se detuvo en el monte Tabor, conversando con Moisés y Elías acerca de su partida en Jerusalén, el velo de su humanidad pareció caer por un instante, y la Deidad que apenas ocultaba resplandeció con tal fulgor que los discípulos cayeron a sus pies como muertos. Tras su ascensión, repitió esa gloria a Juan en Patmos, y el evangelista desterrado narra: «Cuando le vi, caí a sus pies como muerto.»

Y, sin embargo, este es el Salvador «a quien las naciones aborrecen», a quien los hombres desprecian y rechazan, sin que tenga para sus ojos «parecer ni hermosura» que lo haga desear. Este es aquel a quien el mundo que él creó negó un hogar, y a quien los hombres no permitieron vivir, echándolo como cosa maldita, digna solo de morir. ¡Oh, que mi cabeza fuese aguas y mis ojos fuente de lágrimas para llorar, querido Señor, al meditar en la ignominia, el insulto y el sufrimiento que mi raza te infligió! Fue hombre, sí, Señor, fui yo mismo. Por mi pecado, mi crimen y mi infierno, tu alma inmaculada no habría conocido carga, tu espíritu dulce nube alguna, tu corazón tierno dolor alguno, ni tu sagrado cuerpo cicatriz.

Pero, aunque un desvelamiento pleno de la majestad de Cristo nos sobrecogería en nuestro estado imperfecto, contamos entre nuestras misericordias más preciadas que él, a veces, se manifiesta con gracia tan especial que despierta en nosotros el grito: «¡Este es mi amado, y este es mi amigo!» Santo y bienaventurado es ese tiempo. El creyente, gozoso y asombrado, pregunta: «Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?» Y él resuelve el misterio en amor: «El que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.» A ninguno sino a los que temen al Señor se revela el secreto de su pacto: «El secreto de Jehová es para los que le temen.» Quienes más se asemejan al discípulo amado entran más hondo en el amor de Dios en Jesús; conocer mucho al Hijo es conocer mucho al Padre.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - December 17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura