¡Cuán numerosas y diversas son las circunstancias difíciles de la familia amada de Dios! Cada corazón tiene su propia pena, y cada alma lleva su propia cruz; pero Jesús basta para todos, y tiene simpatía por cada uno de sus hijos que sufren. ¿Padece usted de enfermedad prolongada? ¿Sus días son cansados y sus noches sin sueño por los estragos de la enfermedad? Hay en Cristo simpatía para usted, porque está escrito: Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias. Él recuerda que somos polvo, y no dudamos que su cuerpo bendito conoció los días lánguidos y las noches en vela. Piense, pues, en Jesús. Esa enfermedad que le consume, ese dolor que le atormenta, esa debilidad que le desarma, Jesús los conoce plena y compasivamente. Es verdad que él está ahora más allá de todo sufrimiento físico, pero su corazón tierno sigue compadeciendo.
¿Sufre usted de pobreza material? ¿Se han agotado las fuentes en que confiaba? ¿Han sido removidos los amigos en quienes se apoyaba? ¿Le mira la necesidad de frente y no sabe de dónde vendrá el próximo sustento? Aun aquí, hermano mío, hermana mía, Jesús puede simpatizar con usted. Él, como usted y como la mayor parte de su pueblo, fue pobre en los bienes de este mundo; no tuvo hogar que lo cobijara ni mesa cotidiana tendida. Fue un pobre peregrino, sin casa y sin amigos: las zorras tienen cuevas y las aves nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza bendita. Lleve su pobreza a él; lleve sus necesidades a él. Si murió por su alma, si perdonó sus pecados y se dio a sí mismo, ¿no le dará también con él todas las cosas necesarias? ¿Ha entrado la muerte en su círculo doméstico, arrebatando a un ser precioso y querido? Jesús supo lo que era llorar sobre el sepulcro de un amor enterrado; supo lo que era ver rotos los lazos del afecto. Puede entrar en su dolor, lector afligido. Véalo junto al sepulcro de Lázaro, véalo llorar: mirad cómo le amaba. ¿Irá usted al sepulcro del ser amado a derramar lágrimas, y Jesús no simpatizará con usted? Él ha vaciado el corazón para prepararlo como templo para sí mismo, y verter en su vacío el caudal pleno de su amor y compasión. Pertenece a él; lo compró a precio costoso, lo conquistó con la omnipotencia de su Espíritu y lo selló con su sangre preciosa. Inclínese, pues, con sumisión a la disciplina, y siéntese como niño destetado a sus pies, adoptando sus palabras benditas: No mi voluntad, sino la tuya sea hecha.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - October 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.