En los primeros días del arte griego, se ofreció un premio por la mejor estatua de una de las diosas. Un joven del campo que amaba a esta diosa se dispuso a competir por el premio. Pero carecía del don y de la experiencia del artista, y su estatua era tosca y burda, muy lejos de ser hermosa. Parecía no tener ninguna posibilidad de ganar el premio. Pero la diosa, según relata la leyenda pagana, conociendo la devoción sincera de este joven hacia ella y su amor por ella, cuando llegó el momento de la exhibición de las estatuas en el certamen, entró ella misma en la piedra tosca, y al instante resplandeció con belleza divina, siendo con mucho la más hermosa de todas las estatuas, y ganó el premio.
Así también, se nos llama a mostrar al mundo la belleza de Cristo, a reproducir la gloria de su vida, no en frío mármol — sino en el carácter cristiano, en el amor cristiano, en el servicio cristiano. En nuestra debilidad y nuestras fallas puede parecernos que no podemos hacer nada, que nuestra vida y nuestra obra son indignas del santo nombre que llevamos. Lo mejor de nosotros parece lo más falto de amor, tosco, defectuoso, imperfecto. Pero si verdaderamente amamos a Cristo, si verdaderamente creemos en él, y si por su mandato nos esforzamos por hacer lo que parece imposible — entonces Cristo mismo, conociendo nuestro amor y viendo nuestro esfuerzo, entrará en nuestra vida y la llenará de sí mismo. Entonces nuestros pobres esfuerzos se volverán radiantes y divinos en su belleza.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The goddess
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.