Comentario Devocional y Práctico

Cristo vence la tentación en el desierto

Cristo enfrenta solo al tentador en el desierto y, armado con la palabra de Dios, lo vence por nosotros, mostrando cómo resistir al diablo hasta que huya.

El hecho de que Cristo fuera llevado al desierto dio una ventaja al tentador; pues allí estaba solo, nadie estaba con él cuyas oraciones y consejos pudieran ayudarle en la hora de la tentación. Aquel que conocía su propia fuerza podía conceder ventaja a Satanás; pero nosotros no podemos, pues conocemos nuestra propia debilidad.

Al ser hecho en todo semejante a sus hermanos, Jesús quiso, como los demás hijos de Dios, vivir en dependencia de la divina providencia y promesa. La palabra de Dios es nuestra espada, y la fe en esa palabra es nuestro escudo. Dios tiene muchas maneras de proveer para su pueblo, y por tanto debe ser objeto de nuestra confianza en todo tiempo, en el camino del deber.

Todas las promesas de Satanás son engañosas; y si se le permite tener alguna influencia en la disposición de los reinos del mundo y de su gloria, los usa como cebo para enredar a los hombres hasta su destrucción.

Deberíamos rechazar al instante y con horror toda oportunidad de ganancia o progreso pecaminoso, como un precio ofrecido por nuestras almas; deberíamos buscar riquezas, honores y felicidad solo en el culto y servicio de Dios. Cristo no adorará a Satanás; ni tampoco, cuando tenga los reinos del mundo entregados a él por su Padre, permitirá que subsista en ellos resto alguno del culto al diablo.

Satanás también tentó a Jesús para que fuera su propio asesino, mediante una confianza inapropiada en la protección de su Padre, para la cual no tenía justificación. No permitamos que ningún abuso de la Escritura por parte de Satanás o de los hombres disminuya nuestra estima, ni nos lleve a abandonar su uso; antes bien, sigamos estudiándola, procuremos conocerla y busquemos en ella nuestra defensa contra toda clase de ataques. Habite ricamente esta palabra en nosotros, porque es nuestra vida. Nuestro Redentor victorioso venció, no solo por sí mismo, sino también por nosotros.

El diablo puso fin a toda la tentación. Cristo dejó que desplegara toda su fuerza, y lo derrotó. Satanás vio que era inútil atacar a Cristo, quien no tenía nada en sí donde sus dardos de fuego pudieran fijarse. Y si resistimos al diablo, huirá de nosotros. Sin embargo, se apartó solo hasta el tiempo en que habría de ser soltado de nuevo contra Jesús, no ya como tentador, para arrastrarlo al pecado y así herir su cabeza, lo cual era ahora su objetivo y en lo que resultó del todo derrotado; sino como perseguidor, para hacer sufrir a Cristo, y así herir su calcañar, conforme se le había dicho que habría de hacer, y que haría, aunque ello supondría la quebradura de su propia cabeza, Génesis 3:15. Aunque Satanás se aparte por un tiempo, nunca estaremos fuera de su alcance hasta ser quitados de este presente mundo malo.

Cristo en la sinagoga de Nazaret (

Fuente y atribución

Autor original: Religious Tract Society

Título original: Devotional and Practical Commentary — Luke 4:1-13

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.

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