Es la mayor muestra de necedad espiritual poner alguna confianza en un santo estado del alma. Un estado es una cierta disposición celestial del alma. Ahora, descansar en algo en nosotros mismos es destruirnos; pues el más noble logro es salir totalmente de nosotros mismos y descansar solo en Cristo. Si hago de otro modo, lo provoco a retirarse, colocando el efecto de su presencia en el lugar de él mismo, y entonces mi monte, que yo pensaba estaba tan firme, es inmediatamente removido; Dios esconde su rostro, y soy turbado.
Los estados celestiales y las manifestaciones gloriosas debo buscarlos, no para descansar en ellos, sino para ser refrescado con ellos. Cristo puede venir a un estado; pero debo cuidarme de no retener el estado y dejar ir a Cristo, que debe ser buscado por sí mismo, hallado en sí mismo, en la promesa, en su amor inmutable, y no en un estado.
Tener un corazón frío e insensible es una condición sin consuelo. Pero tener a Cristo, que siempre trae consigo el quebranto del corazón y un avivamiento de las gracias, es bueno, y es un preludio de la felicidad venidera. Cuando prefiero a los asistentes a su príncipe, y pido aquellos cuando debería honrarlo a él, este es el modo de hacer que retire sus visitas y se niegue a volver hasta que confiese mi necedad. De aquí que soy castigado con tantos cambios en mi alma; a veces en pie sobre el monte Pisga, luego arrastrándome en el valle de Acor; a veces caminando en la luz de su rostro, luego andando enlutado sin el sol; a veces admitido con denuedo a su trono de gracia, donde él llena mi boca de argumentos, luego hallando una nube extendida sobre su trono, que mi oración no puede atravesar, ni yo ordenar mi discurso a causa de la oscuridad. Todo esto para castigar mi necedad y hacerme adorar su soberanía, que viene y va a su placer. De tal lugar y de tal tiempo, uno puede decir: Fue Bet-el, la casa de Dios, y un tiempo de amor. Pero ni el Bet-el de Dios, ni el tiempo de amor, han de ser la confianza del alma, cualquier consuelo que le puedan dar. El Dios de Bet-el, el Dios del amor inmutable, ha de ser la torre fuerte a la que todo creyente debe recurrir siempre. Vivir por fe es más noble y más seguro que vivir por los sentidos.
Ahora, en estas cosas, Dios me enseña a estimarlo más que a nada que venga de él; a estimar más la mano enriquecedora que da, que el don que enriquece; sí, a depender más de su promesa permanente que de su presencia pasajera. Pues, aunque la una debería ser agradable, como la voz desde la excelente gloria en el monte de la transfiguración, sin embargo la otra es la palabra más cierta de profecía, de inspiración, a la cual en todo tiempo debemos acogernos.
Y esto deberíamos recordar: que la continuación de aquel arrebatador estado del alma, un soplo del cual a veces sienten los favoritos del cielo soplar a través de su mente, está reservada para el estado más feliz de arriba. Pero debería ocasionarnos extrema tristeza si despedimos a nuestro Amado, que está dispuesto a permanecer con nosotros "hasta que aclare el día y huyan las sombras". Esto puedo aprender: que es bueno retenerlo en la promesa, cualquiera que sea la condición de mi alma. ¡Oh imperfección deplorable! Cuando está ausente, la desesperación comienza a asomar; cuando presente, el orgullo espiritual está pronto a brotar. Pero mientras él en sabiduría viene y va, mantiene mi alma en ejercicio, yendo hacia adelante y hacia atrás, a la diestra y a la siniestra, en su búsqueda, inquieta hasta hallarlo.
Así el alma es preservada de sentarse en una seguridad pecaminosa, o de dormirse en los brazos de una falaz blandura, quizás para no despertar más. Sí, este ejercicio de mi alma mantiene activa toda gracia; su venida me impide caer en la mazmorra baja de la desesperación, de donde podría no salir más; y su ausencia evita que yo escale el resbaladizo precipicio del orgullo espiritual, de donde podría caer y quebrarme todos los huesos.
Deseo, tanto en lo temporal como en lo espiritual, hacer mío el triunfo de fe del querido profeta. "Aunque la higuera no florezca; aunque mis gracias parezcan lánguidas y bajas; aunque la oscuridad se siente sobre mi alma; aunque él retraiga su amado rostro; aunque mi alma olvide su prosperidad; aunque, cuando ore y clame, él cierre mis oraciones; aunque Satanás rujase contra mí, las tentaciones se congregasen contra mí, la corrupción rabiase dentro de mí, y el infierno se abriese para mí; con todo, me regocijaré en el Señor, me alegraré en el Dios de mi salvación".
Sin embargo, pido que tu presencia me alegre en el desierto; porque si tu presencia no va conmigo, nunca podré partir de aquí. Pero que tu Espíritu habite en mí, y me selle para el día de la redención. Entonces mi gozo en creer se convertirá en un éxtasis de contemplar al Dios-hombre, en todas sus amables perfecciones; entonces los estados del alma serán sin pecado, santos, y fijados en la más elevada cumbre de rapto y deleite; entonces alabaré sin interrupción, y adoraré sin distracción.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: Frames of soul, variable
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.