La soledad endulzada

Cuando el amor y la inmortalidad se vuelvan alabanza sin fin

El creyente aguarda el cambio bendito en que la tibieza se tornará inmortalidad y amor, y cada facultad, fortalecida por la plenitud divina, derramará ríos de alabanza sin interrupción ni cansancio.

Bienvenido cambio, que aguarda para comenzar mi dicha y poner fin a mis congojas y a mi dolor. Cuando esta languidez y tibieza se conviertan en inmortalidad y amor, seré todo vida y vigor, y este vigor será todo amor y alabanza. Ahora mi corrupción es un contrapeso a mi amor, y la mortalidad un estorbo a mi devoción. Pero entonces toda potencia será vida, toda facultad activa, todo pensamiento alado, y todo movimiento celestial. ¡Alabaré con transporte, y cantaré con arrobamiento! ¡Adoraré con éxtasis, y amaré con deleite! Y todo esto, día y noche, sin cesar jamás ni agotarme, siendo entonces perfecto en toda gracia e inmortal en toda potencia. Recibiendo mi plenitud de la plenitud divina, como un conducto alimentado por el vasto océano, derramaré corrientes perpetuas de alabanza y torrentes de amor; y seré cada vez más capacitado, ensanchado y colmado por este eterno ejercicio.

Tal es el estado dichoso que mi esperanza reclama, y al cual pronto llegaré. Entonces mi amor será del todo una inmortalidad vigorosa, y mi inmortalidad se ejercerá en nada sino en amor. En el Sol de Justicia, divinamente brillante, tremendamente glorioso, fijaré mis ojos, los cuales se fortalecerán mientras miran, y nunca cesarán de contemplar y admirar el objeto divino. Emularé a los serafines, y me esforzaré, no por vanagloria, sino por el ardor de la sagrada gratitud y el predominio del amor divino en mi seno, en cantar tan alto y amar tan intensamente como ellos, al Exaltado, a quien puedo llamar mi Hermano, mi Esposo y mi Dios. Saldré, con todas las facultades de mi alma, hacia Él, sin un solo momento de intermisión; y, con todo, mis ojos nunca estarán tan satisfechos de ver como para cerrarlos ante las glorias de lo alto; ni mi oído se fatigará de oír los aleluyas celestiales. El sueño será entonces tan ajeno a mi perfección inmortal, como ahora es imposible que mi cuerpo inmortal subsista sin él. No hay coma en los hosannas de lo alto. No hay noche en los años de la diestra del Altísimo Dios. No hay interrupción en los trinos del esplendor eterno. Ninguna distracción turbará a los adoradores delante del trono, donde el amor perfecto echa fuera el temor, donde la bienaventuranza es tan sin límites como su deseo, ¡y se mide con la eternidad misma!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: Love and Immortality

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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