La aflicción, su propósito y sus beneficios

Cuando el dedo de Dios nos toca levemente

Reflexión sobre la insuficiencia de los consuelos terrenos ante la aflicción, la proximidad de la enfermedad y la muerte, y los sabios propósitos de Dios al enviar pruebas a sus hijos.

¡Cuán absolutamente incapaces son todas las cosas de abajo de traernos consuelo o alivio, cuando el dedo de Dios nos toca aun levemente! En todo momento son igualmente impotentes, aunque nuestros pensamientos acerca de ellas puedan ser muy diferentes. El tiempo y la recuperación no deben darles más poder ni influencia sobre nuestros corazones. Pronto volverá una temporada semejante. La enfermedad, y la misma muerte, no están muy lejos, sino a la puerta. Y ninguna de las dos vendrá de manera placentera; una será dolorosa, y la otra será terrible, si no espantosa. Que estemos mejor preparados para encontrarnos con ambas, mediante una bendita mejora de las aflicciones pasadas.

El triste recuerdo de enfermedades anteriores sin aprovechar, y de las perspectivas que tuvieron en ellas, atormenta los lechos de muerte de muchos, y pronuncia convicciones tan íntimas que, en aquella hora, apenas pueden soportar. Después de recuperarnos, la mayoría vivimos como si hubiéramos hecho un pacto con la muerte, y parecemos pensar que ni moriremos ni volveremos a enfermar. Pero aunque se nos haya concedido una prórroga, debemos recordar que no hemos sido liberados. La muerte tiene poder sobre nosotros, y a la hora señalada lo ejercerá. "Está establecido para todos los hombres que mueran una vez"; y este establecimiento (o decreto) no puede alterarse. La hora señalada puede estar muy cerca; y pequeñas indisposiciones pueden ser enviadas a propósito para advertirnos de su venida. Mientras tanto, debemos aprovechar todas estas bondadosas visitas para promover nuestro crecimiento en la gracia y en la vida divina.

"La aflicción no sale del polvo, ni el problema brota de la tierra", sino que todas son enviadas con sabiduría y amor; y cada circunstancia, en cuanto a tiempo y manera, está ordenada exactamente para lo mejor. Si se examinara cada circunstancia más detenidamente, sin duda nos daría una gran visión de la sabiduría y el amor de Dios en todas sus dispensaciones aflictivas. Dios no aflije de buena gana a ninguno de sus hijos, pero ellos siempre están en absoluta necesidad, en el momento preciso, de la misma aflicción que Él envía. No podría dejarse a un lado, ni aplazarse, ni cambiarse por otra, sin gran daño e injuria al alma.

Los designios de Dios en las aflicciones son diversos; pero todos son benevolentes y para nuestro bien. Puede querer llevarnos al arrepentimiento de algunos pecados pasados, como la peste de tres días fue enviada para humillar a David por haber contado al pueblo. O puede ser para impedir que seamos atrapados en alguna trampa peligrosa, en la que podríamos caer fácilmente; y es mejor soportar la aflicción más pesada que llevar consigo una conciencia culpable. "Cualquier cosa antes que el pecado", es el lenguaje del corazón cristiano. O puede ser para ejercitar alguna gracia, para que así gane fortaleza, y el alma se prepare para algunas circunstancias difíciles en las que pronto habrá de entrar; como fue el caso de José. Las pruebas con las que había sido ejercitado lo prepararon para su futura exaltación, y algunas de ellas contribuyeron a que se produjera.

Fuente y atribución

Autor original: Thomas Charles

Título original: Affliction, Its Use and Benefits — parte 1

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Charles, publicado originalmente en Grace Gems.

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