Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Cuando el mandamiento entra en la conciencia

El apóstol describe cómo el hombre vive sin sentir la ley hasta que el mandamiento entra con poder en la conciencia, despierta el pecado y pronuncia sentencia de muerte sobre el alma culpable.

El apóstol describe, en su propio caso, cómo se sienten los hombres respecto a la ley antes de que ella entre como sentencia condenatoria en el corazón. "Vivía yo sin la ley en otro tiempo." La ley pendía sobre él como sentencia de condenación, como ministro de muerte, como mensajero de ira, como fuego consumidor; pero él no la sentía. Como un tormenta lejana, podía escuchar el sordo rumor del trueno que retumbó sobre el monte ardiente de Sinaí, o divisar de lejos el resplandor de los relámpagos que abrasaron su cumbre. Mas, por entonces, la tempestad estaba a la distancia. Vivía sin pensar, sin sentir, sin temer, sin preocuparse de si la ley era su amiga o su enemiga. En realidad, más bien la consideraba su amiga, pues la empleaba como ayuda amistosa para edificar su propia justicia. Había ido a ella, pero ella no había venido a él; conocía su letra, mas no su espíritu; sus mandamientos externos, pero no sus exigencias internas. Por eso habla de sí mismo como "vivo sin la ley", es decir, sin ningún conocimiento de lo que ella es en cuanto ministración de condenación y muerte.

Pero, en el tiempo y modo señalados por Dios, "vino el mandamiento"; esto es, vino con poder a su conciencia. Descubrió que podía guardar todos los mandamientos menos el décimo, pues según su manera de entenderlos no se extendían más allá de una obediencia externa. Pero el décimo mandamiento, "No codiciarás", penetró hasta lo más hondo de su conciencia, porque era una prohibición salida de la boca de Dios contra los deseos internos del corazón, y esa prohibición llevaba consigo una maldición terrible. Bajo este golpe, el pecado, que antes parecía muerto en su pecho, revivió como sierpe dormida; ¿y cuál fue el resultado? Lo hirió de muerte, pues dice: "Y yo morí"; porque el mandamiento ordenado para vida le resultó para muerte. El pecado no pudo soportar ser contrariado ni resistido; se levantó, pues, en enemistad contra Dios, aprovechó el mandamiento para rebelarse contra la autoridad de Jehová, y su culpa, cayendo sobre una conciencia blanda en el temor de Dios, le dio muerte. No lo habría hecho si no hubiera vida en su alma; pero habiendo luz para ver y vida para sentir la ira de Dios revelada en el mandamiento, cuando la ley entró en su conciencia como sentencia de un Jehová justo y santo, el efecto fue producir en él una sentencia de muerte. Y esta experiencia que el apóstol describe como propia es lo que la ley hace y siempre ha de hacer cuando se aplica a la conciencia por el poder de Dios: mata, da muerte al pecador condenado; es sentencia de muerte en la propia conciencia del hombre, que solo aguarda la hora de la muerte y el día del juicio para ser ejecutada.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: April 30

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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