Con frecuencia los advenedizos usurpan los puestos más altos, mientras los verdaderamente grandes se consumen en la oscuridad. Este es un enigma de la providencia cuya solución alegrará un día los corazones de los rectos; pero es un hecho tan común que ninguno de nosotros debería murmurar si le tocara en suerte.
Cuando nuestro Señor estuvo en la tierra, aunque Él es el Príncipe de los reyes de la tierra, recorrió el sendero del cansancio y del servicio como Siervo de siervos. ¿Qué extraño es, pues, que sus seguidores, que son príncipes de sangre real, sean también mirados como gente inferior y despreciable? El mundo está al revés, y por eso los primeros son postreros y los postreros son primeros. ¡Mira cómo los serviles hijos de Satanás se enseñorean en la tierra! ¡En qué alto caballo cabalgan! ¡Cómo levantan su cuerno con soberbia! Amán está en la corte, mientras Mardoqueo se sienta a la puerta; David anda errante por los montes, mientras Saúl reina con pompa; Elías se queja en la cueva, mientras Jezabel se jacta en el palacio; y, sin embargo, ¿quién querría tomar el lugar de aquellos orgullosos rebeldes? Y, por otra parte, ¿quién no podría envidiar a los santos despreciados?
Cuando la rueda gira, los más bajos suben y los más altos se hunden. Ten paciencia, pues, creyente; la eternidad enderezará los agravios del tiempo. No caigamos en el error de dejar que nuestras pasiones y apetitos carnales cabalguen triunfantes, mientras nuestras facultades más nobles andan en el polvo. La gracia debe reinar como príncipe y hacer de los miembros del cuerpo instrumentos de justicia. El Espíritu Santo ama el orden, y por eso dispone nuestras potencias y facultades en su debido rango y lugar, dando el primer lugar a aquellas facultades espirituales que nos unen al gran Rey. No alteremos el arreglo divino, sino pidamos gracia para mantener sujeto nuestro cuerpo. No fuimos creados de nuevo para permitir que nuestras pasiones nos dominen, sino para que nosotros, como reyes, reinemos en Cristo Jesús sobre el triple reino de espíritu, alma y cuerpo, para gloria de Dios Padre.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: May 19 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.