Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Cuando esperar la hora de Dios es verdadera obediencia

Jesús vivió consagrado por completo a la voluntad del Padre y nunca obró por sí mismo. Su ejemplo nos enseña a esperar el momento divino con paciencia, sin adelantarnos ni retardarnos en su obra.

Con estas palabras Jesús quería decir que aún no había llegado su tiempo para comenzar a obrar milagros. Con todo el poder divino dormido en sus manos, no haría nada sino al mandato de su Padre. Ni siquiera la petición de su madre humana podía ser atendida en este asunto.

Una idea que se destaca aquí es la perfecta consagración de nuestro Señor a la voluntad de su Padre. Encontramos lo mismo en toda su vida. No hacía nada por sí mismo. Tomaba su obra momento a momento de la mano de su Padre. Siempre esperaba su "hora." No tenía planes propios, sino que seguía el propósito divino en todos sus actos. Todos aquellos primeros años en Nazaret, con omnipotencia en su brazo, no obró ningún milagro. Aun ahora, aunque su madre, a quien tanto amaba, se lo pedía, no haría nada ni un solo minuto antes de que su hora llegara.

La lección práctica para nosotros en este pasaje es la consagración a la voluntad de Dios. Siempre debemos esperar a Dios. Demasiados de nosotros corremos antes de ser enviados. En nuestro celo por la causa y el reino de Dios, no esperamos la dirección divina. Hablamos palabras fuera de tiempo que, a pesar de su earnestness y sinceridad, hacen más daño que bien. Intentamos alimentar a otros con frutos sin madurar. Nos dirigimos a los hombres antes de que estén preparados para oír, y muchas veces con palabras que los apartan de nuestro alcance. Nos apresuramos a predicar, cuando nosotros mismos deberíamos estar sentados calladamente a los pies de nuestro Maestro como discípulos.

La falta más común entre los cristianos es que son demasiado lentos para hacer la obra de Cristo y atender sus llamados; pero también es una falta ir demasiado rápido para Dios, ir antes de que él nos envíe. Con todo el amor cálido por Cristo, debemos aprender a esperarle, a esperar hasta que nuestra hora haya llegado. Él debe prepararnos para la obra antes de que estemos listos para hacerla, y luego debe preparar la obra para nuestra mano. En la obra cristiana necesitamos paciencia y dominio propio, así como celo y earnestness.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: The Lord's Time

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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