Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Cuando la apariencia promete fruto que no existe

Cristo no busca fruto espiritual en quien nunca lo ha profesado, sino en quienes se declaran cristianos. Las almas hambrientas acuden a la Iglesia esperando encontrar alimento para su sed interior.

Había muchas otras higueras en aquella región, pero Jesús no se volvió a ninguna de ellas para buscar alimento, porque no daban ninguna promesa, no mostraban ni fingían tener fruto. Fue a este árbol porque, con sus hojas tempranas, declaraba a cuantos lo veían que también tenía fruto temprano. Cristo no espera hallar fruto espiritual en la vida del hombre impío ni de la mujer mundana; pero sí lo espera en la vida del hombre o de la mujer que profesa ser cristiano.

Así como Jesús se volvió a aquella higuera, atraído por la profesión de fructitud del árbol, las almas hambrientas acuden a la Iglesia y al pueblo profesamente de Dios para encontrar alimento espiritual. Lo que aquel árbol con hojas y sin fruto fue para Jesús, eso fue la Iglesia judía para la gente cuya alma ansiaba comida espiritual. Con su carga de pecado, con sus profundas interrogantes del corazón, con sus pesares, con sus anhelos insatisfechos, con sus ansias de ayuda y simpatía, se volvían a los sacerdotes, a los guías espirituales profesados, para obtener de ellos lo que necesitaban. Así, la misión de toda iglesia cristiana es alimentar a las almas hambrientas. En la hora del arrepentimiento, cuando el alma es consciente de su culpa; en el día de la angustia, cuando el mundo ya no tiene nada más que ofrecer; a la sombra de la muerte, en todas las grandes crisis de la vida, aun los más mundanos acuden a la Iglesia en busca de lo que necesitan.

Una iglesia es como un gran árbol en el desierto que ofrece la promesa de fruto, y hacia el cual se vuelven todos los hambrientos espirituales. Pocas cosas pueden haber más tristes en este mundo que una iglesia que promete, por su mismo nombre, por su torre que apunta al cielo, por sus puertas abiertas, por sus cánticos y servicios, por sus campanas de invitación, dar comida al hambriento, refrigerio al cansado, consuelo al afligido, y luego falla en cumplir sus promesas a las almas que llegan esperanzadas.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Nothing But Leaves

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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