Horas devocionales con la Biblia — volumen 8

Cuando la mano del Señor acompaña a testigos comunes y corrientes

En Antioquía, creyentes sencillos compartieron a Cristo entre los gentiles y la mano del Señor obró con ellos, recordándonos que todo cristiano es testigo y que la fidelidad perseverante produce vida transformada.

Después de la muerte de Esteban, los creyentes en Cristo fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria. Y mientras viajaban, predicaban. Algunos de los cristianos dispersos, hombres de Chipre y Cirene, al llegar a Antioquía, comenzaron a hablar de Jesús a los griegos. Estos hombres no parecen haber sido ministros ni personas apartadas como predicadores. Eran lo que llamamos laicos. Pero eran hombres llenos del Espíritu Santo, que no podían reprimir en sí mismos el fuego de amor por Cristo. No debemos pensar que, por no ser ministros, ancianos o maestros de escuela dominical, no tenemos comisión para hablar la palabra de Cristo. Todo cristiano debería ser un testgo del Señor Jesús dondequiera que vaya. «El que oye, diga: ¡Ven!». Todo cristiano, hombre o mujer, niño o niña, que conoce de Cristo, debería salir y hablar de Él, y seguir hablando de Él durante toda la semana.

Sabemos que Dios bendijo sus labores, pues se dice: «La mano del Señor estaba con ellos». La mano es aquello con lo que uno trabaja. La mano del Señor significa el poder del Señor. Estos hombres no iban en su propio nombre, con apenas su propia fuerza. Tenían fe en Cristo, y dondequiera que iban, Cristo iba con ellos y obraba en ellos. Cuando hablaban, su poder estaba en sus palabras. No debemos pensar que esto fue simplemente una bendición para los días apostólicos; fue tanto para nuestros propios días como para el tiempo al que pertenece esta historia. Jesús mandó a sus discípulos que fueran por todo el mundo, que predicaran el evangelio a toda criatura, y les dio la promesa: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

La mano del Señor no obraba en aquellos días con independencia de sus discípulos. No fue una mano invisible la que realizó los hechos poderosos. Cristo obró a través de sus discípulos. El instrumento es humano, pero el poder es divino. Pablo nos dice en una de sus epístolas que somos colaboradores de Dios. Cuando Él nos manda hacer algo, debemos ir y hacerlo, y entonces Él trabaja con nosotros. Una madre no puede cambiar el corazón de su hijo; pero si le enseña las palabras de Cristo, hay una Mano invisible que obra junto a la de ella, en sus palabras y en la influencia de su vida, que realiza la obra misteriosa sobre el corazón del niño. Cuando una persona joven va con unas flores a la habitación de un enfermo, y pronuncia unas palabras amables, haciendo todo en el nombre de Cristo, Cristo mismo va también, y su Espíritu obra a través de las hermosas flores y a través de las palabras amables, para consolar, bendecir y ayudar al enfermo. Si tan solo tenemos fe en Cristo y hacemos su voluntad, su mano estará siempre con nosotros para ayudarnos.

La noticia de la actividad de estos trabajadores voluntarios llegó a Jerusalén, y la iglesia de allí envió a Bernabé para informarse acerca de ellos. «El cual, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó». Bernabé se alegró porque vio que Dios estaba obrando en aquella iglesia. Siempre debería alegrar a un cristiano ver a personas escuchando el evangelio y aceptando su mensaje. Debemos notar aquí que la obra que alegró a Bernabé no fue la suya propia, sino la que otros habían estado realizando. A veces la gente no se regocija cuando ve que la obra de otros es bendecida y prospera. Eso los llenade envidia. Es un mal espíritu. Bernabé se regocijó al ver que la bendición de Dios acompañaba la obra de otros predicadores, incluso de hombres sencillos y comunes. Deberíamos aprender esta lección.

Los niños y jóvenes en la escuela deberían alegrarse cuando otros miembros de su clase tienen éxito, y nunca envidiarlos. Los maestros deberían regocijarse cuando ven que la clase de otro maestro crece, se interesa y prospera. Los hombres de negocios y profesionales deberían alegrarse cuando oyen que sus colegas les va bien. El éxito de los demás nunca debería hacernos envidiosos. Solo debería estimularnos a hacer mejor nuestra propia obra, si nos es posible.

Bernabé se alegró de cooperar con los trabajadores a quienes había sido enviado a investigar. «Cuando llegó y vio la evidencia de la gracia de Dios, se regocijó y exhortó a todos a que permanecieran fieles al Señor con todo su corazón». Este fue un buen consejo. Habían comenzado bien, escuchando la voz de los predicadores y aceptando a Jesucristo. Pero comenzar bien no era suficiente. Debían continuar siguiendo a Cristo. Debían permanecer unidos al Señor. Las palabras son muy sugestivas. No debían soltar su agarre de Cristo. Habría muchas cosas que pondrían a prueba su fe, pero debían seguir aferrándose a Cristo.

La mera emoción cuenta poco en este mundo, donde la vida es a menudo tan difícil. Se requiere propósito, un propósito firme, para que uno continúe siendo fiel. Tenemos un ejemplo de propósito en Daniel: se propuso en su corazón no contaminarse con la comida y la bebida del rey. Hizo el propósito, y se mantuvo en él. Es muy importante que los jóvenes cristianos tengan propósito, propósito de corazón, y que se aferren al Señor a través de toda tentación, a través de todo lo que pudiera aflojar su agarre o tender a apartarlos de Cristo.

El pasaje da una palabra de elogio acerca de Bernabé. No es frecuente que la Biblia haga cumplidos. Cuenta las buenas cosas que los hombres hacen, pero dice muy poco de los hombres en términos de alabanza o reconocimiento. Sin embargo, aquí hay una excepción. El Libro dice que Bernabé era un hombre bueno. La bondad es mejor que la grandeza. Cuando Walter Scott estaba muriendo, le dijo a un amigo que estaba a su lado: «Sé un hombre bueno». Muchos hombres son grandes y no buenos. Su fama se extiende por todas partes, y sus nombres llegan a todas partes, pero no son buenos. La bondad es semejanza con Dios. Un hombre bueno es paciente, amable, bondadoso, humilde. Todas las Bienaventuranzas viven en él y despliegan su belleza en él. Está lleno de ministerios amables: Jesús iba por todas partes haciendo el bien. Sea lo que seamos o no seamos en este mundo, todos deberíamos tratar de ser buenos. Así agradaremos a Dios y bendeciremos al mundo.

Bernabé mostró su bondad y su fe al ir en busca de Saulo. Juntos permanecieron en Antioquía, ayudando a la gente. Durante un año trabajaron. Esta obra fue exitosa. Muchos creyeron.

«A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía». Hechos 11:26. La vida de los convertidos era tan diferente de la de sus vecinos incrédulos, que los llamaron cristianos. Se supone que el nombre les fue dado en burla o desprecio por la gente pagana de Antioquía. El nombre estaba tan continuamente en sus labios, que quienes los oían comenzaron, en son de broma, a llamarlos «cristianos». Pero el nombre quedó, y ahora se usa universalmente para describir a quienes siguen a Cristo. Puede que no sea el mejor de los nombres.

Quizás discípulo sea mejor: discípulos significa aprendices, seguidores. Todos deberíamos ser discípulos de Cristo y siempre estar aprendiendo de Él, creciendo en gracia y semejanza a Él mientras le seguimos.

Quizás creyentes sea un nombre mejor. Lleva en sí mismo el pensamiento de que somos salvos creyendo en Cristo. Es la fe la que obra las victorias en este mundo.

Quizás seguidores sería mejor. Seguir a Cristo es recibirle como Maestro y aferrarse a Él en obediencia y devoción dondequiera que vayamos.

Pero la palabra «cristiano», dada en Antioquía como burla, se usa ahora en todas partes. Está llena de significado. Los que son cristianos deberían ser como Cristo: «pequeños Cristos». Deberían representar a Cristo en el mundo. ¡Quienes los vean deberían ver en ellos la imagen de Cristo!

Mateo Henry dice: «Hasta entonces los seguidores de Cristo eran llamados discípulos, es decir, aprendices, discípulos; pero desde aquel tiempo fueron llamados cristianos. El significado propio de este nombre es, un seguidor de Cristo; denota a quien, por seria reflexión, abraza la religión de Cristo, cree sus promesas, y hace su principal cuidado modelar su vida por los preceptos y el ejemplo de Cristo. De ahí es evidente que multitudes toman el nombre de cristiano a quienes no les pertenece con justicia. Pero el nombre sin la realidad solo aumentará nuestra culpa. Mientras la mera profesión no otorgará ni provecho ni deleite, la posesión de ella dará tanto la promesa de la vida presente como de la que ha de venir».

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Gentiles Converted at Antioch

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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