Cruel misericordia
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.» Mateo 5:7
Cuando el sol brilla—el hielo se derrite. Cuando el Sol de justicia brilla una vez con rayos de gracia sobre el alma—entonces se derrite en misericordia y ternura.
La misericordia es una disposición que se enternece, mediante la cual tomamos a pecho las miserias ajenas y nos convertimos en instrumentos para su bien. Debemos ser misericordiosos, sobre todo, con las ALMAS de los demás. En efecto, la misericordia para con el alma es la principal de las misericordias. El alma es lo más precioso; es un rico diamante engastado en un anillo de arcilla. Si hubiéramos visto a aquel endemoniado en el evangelio cortarse con piedras—se habría movido nuestra compasión (Marcos 5:5). Ver a un pecador que se apuñala a sí mismo y tiene las manos teñidas con su propia sangre, debería movernos a compadecerlo sinceramente.
Esa es una cruel misericordia—cuando vemos a los hombres seguir en el pecado, y los dejamos tranquilos. Y esa es una crueldad misericordiosa—cuando somos severos contra los pecados de los hombres y no los dejamos ir al infierno en paz.
La sentimentalidad complaciente no es mejor que la crueldad. El cirujano corta y lacera la carne—pero es con miras a una curación. Son heridas que sanan. Así, cuando laceramos las conciencias de los hombres y dejamos salir la sangre del pecado, ejercemos una cirugía espiritual. Esto es mostrar misericordia.
«¡Rescad a otros, arrancándolos del fuego!» (Judas 23). Si un hombre hubiera caído en el fuego, aunque lo lastimes un poco al sacarlo—te lo agradecería y lo tendría por una muestra de bondad. Algunos hombres, cuando les hablamos de su pecado dicen: '¡Oh, no tienes amor!' ¡No! Es mostrar misericordia. Si la casa de un hombre estuviera ardiendo, y otro lo viera y no se lo dijera, por miedo a despertarlo—¿no sería esto crueldad? Cuando vemos a otros dormir en su pecado, y el fuego de la ira de Dios a punto de consumirlos—¿y nosotros callamos?—¿no es esto crueldad?
Son ministros sin misericordia aquellos que, en vez de partir el pan de vida—llenan la cabeza de su pueblo con especulaciones y nociones vanas! Algunos ministros solo procuran ser admirados. Suben al púlpito solo para entretener al pueblo. ¡Tales ministros dan veneno a su pueblo en una copa de oro! ¡Son embajadores del diablo, que van de un lado a otro, y con Satanás recorren la tierra—para engañar y devorar almas!
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Watson
Título original: Las Bienaventuranzas — Cruel mercy
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.