El bendito Espíritu se complace a veces en dar algún testimonio acerca de Jesús, en abrir algún pasaje de la Escritura que habla de él, en derramar una luz divina ante los ojos asombrados y en lanzar algunos de los benditos rayos de la verdad evangélica en nuestras almas, mediante los cuales vemos a Jesús. A veces somos llevados, en el sentir del alma, a los deseos de aquellos griegos que subieron a adorar a la fiesta y fueron a Felipe diciendo: 'Señor, quisiéramos ver a Jesús;' y, ante alguna aprensión de su hermosura y deleite, derramamos nuestra alma ante Dios y decimos: 'Quisiéramos ver a Jesús.' Queremos sentir su amor, que nuestros ojos sean ungidos para contemplar su gloria, mirarle como crucificado por nosotros y llevando nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, para tener una dulce y bendita comunión con él como nuestro Fiador sufriente, y así, por la fe, penetrar la longitud, la anchura, la profundidad y la altura de aquel su amor 'que sobrepasa todo conocimiento.'
Donde hay una obra de gracia en el alma, habrá este anhelar a Cristo. El alma verdaderamente enseñada por Dios nunca puede descansar satisfecha sin Jesús. 'Resta aún un reposo para el pueblo de Dios,' y nunca pueden satisfacerse fuera de aquel reposo, que consiste en el conocimiento experimental del Hijo de Dios, revelado por el Espíritu Santo a sus almas. Pero antes del gozo de este reposo espiritual suele haber larga demora; nubes de tinieblas por meses y años envuelven el trono de la gracia; la cruz de Cristo no puede verse; el Espíritu Santo no cumple su oficio pactado de tomar de lo que es de Cristo y mostrarlo al alma; y a falta de estas celestiales manifestaciones, no podemos realizar nuestro interés salvador en las cosas de la salvación. Todo parece estar contra nosotros y señalarnos como meros profesantes nominales.
Es en estas estaciones oscuras y lúgubres cuando 'la exposición de las palabras de Dios alumbra.' Por ejemplo, una promesa como esta se hace dulce al alma: 'Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar.' A medida que esa promesa es traída con poder al corazón y derramada con dulzura en el alma, fortalece la fe, y el peregrino fatigado viene al Señor sintiéndose 'cansado y cargado,' y al venir es indulgado a veces con unos dulces momentos de descanso. Es capacitado para mirar fuera de su caído yo, con todas sus miserias, y mirar a Jesús en su gracia y hermosura; a echarse simplemente, tal como es, sobre Jesús. Algo del sentido de su sangre expiatoria, de su amor moribundo y de su completo sacrificio por el pecado se abre a su corazón. La fe brota para asirlo y abrazarlo, y comienza a gustar la eficacia sanadora de la sangre y el amor de un Salvador. Así 'la exposición de las palabras de Dios alumbra,' y siente que la entrada divina de lo que Dios ha revelado derrama luz interior en los rincones de su alma.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.