La indestructibilidad de la vida divina en el alma humana, la naturaleza imperecedera de la gracia verdadera, es una verdad tan profundamente ligada a la santidad y la felicidad del cristiano, y, lo que aún importa más, a la gloria de Dios, que la colocaríamos en primer plano de la declaración que vamos a presentar. En la investigación más rigurosa que hiciéramos del estado de la religión en el alma, nunca olvidaríamos que donde existe gracia real, esa gracia es tan imperecedera como el Dios que la implantó; que donde la fe verdadera ha conducido tus pies temblorosos a Jesús para recibirle como toda tu salvación, esa fe es tan inmortal como su autor.
Pero junto a esta declaración amplia y enfática de una gran y santa verdad, debemos justificar la conmovedora declaración de las palabras del Salvador: que la sal puede perder su sabor. ¿En qué sentido se aplica esto a la vida espiritual del creyente? Con toda claridad e indudablemente, en el sentido de un estado de gracia decaída y de la consiguiente pérdida de su vigorosa influencia. El primer síntoma que aparece puede ser un cambio que la persona detecta en su propia alma respecto al gozo actual y personal de la religión. Planteémosle la pregunta: Con toda tu observancia de deberes y actividades religiosas externas, ¿qué medida de gozo espiritual tienes de la religión vital en tu alma? ¿Tienen las verdades espirituales aquel santo sabor y dulzura en tu paladar que indican un estado saludable del alma? ¿Conoces habitualmente la comunión estrecha, filial y confidencial con Dios? Si respondiera con honestidad consigo mismo y con su Dios, quizá respondería sin vacilar: «¡Ay! La sal ha perdido su sabor. Hubo un tiempo en que todo esto era la feliz experiencia de mi alma. Había entonces un sabor en el mismo nombre de Jesús, ¡pero se ha ido! Había una realidad en la verdad divina, ¡pero se ha ido! Caminaba filialmente con mi Padre celestial, sentía el poder de la piedad en mi alma, sabía lo que era la religión del corazón, la religión secreta del aposento, ¡pero ay! La sal ha perdido su sabor».
Pero se propone una pregunta solemne: «¿Con qué será salada?». En otras palabras, ¿cómo puede recuperarse un estado así decaído de la vida espiritual? La recuperación no es imposible, y el caso, por tanto, no es desesperado. La sal puede ser salada de nuevo; la fuerza menguante puede ser restaurada. Imposible como esto sea para el hombre, para Dios es posible. Infundiendo nueva vida en la naturaleza renovada, otorgando una nueva impartición de gracia al corazón y poniendo de nuevo su mano en toda la obra de restaurar y reanimar al hombre interior, la sal, vuelta a salar, puede recobrar su antigua dulzura y poder. Los medios por los cuales se efectúe esta gran y graciosa recuperación serán los que su sabiduría sugiera y su soberanía adopte. Pero de esto podemos estar seguros: todo estará bajo la dirección de un amor inmutable. Ya sea por las brisas suaves del Espíritu o por la severa tempestad de la prueba, importa poco en comparación con el feliz y glorioso resultado. Si la sal que perdió su sabor vuelve a ser salada, el misterioso proceso por el cual se efectúa lo dejaremos tranquila y sumisamente en sus manos. «Esto también procede de Jehová de los ejércitos, admirable en consejo y grande en hazaña».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - February 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.