Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Cuando las tormentas sorprenden al creyente en el camino

Las tempestades pueden levantarse aun cuando caminamos en obediencia, y la presencia de Cristo no siempre las aparta, pero su compañía en la barca es nuestra única seguridad frente a las pruebas repentinas.

Si los discípulos se hubieran hecho a la mar sin el mandato de Cristo, no habrían tenido la misma razón para esperar su protección y su liberación.

La lección que aprendemos aquí es que las tempestades pueden levantarse aun cuando nos encontramos en la senda llana del deber cristiano. No debemos desanimarnos por la dificultad o la aflicción que sobreviene, ni concluir por ello que estamos en el camino equivocado.

Vemos también que la presencia de Cristo con sus discípulos no mantiene alejadas las tempestades. No hay en la Biblia promesas de que el pueblo cristiano no haya de enfrentar pruebas. El Evangelio no levanta a nuestro alrededor muros altos que rompan la fuerza de los vientos huracanados. Las aflicciones llegan al creyente con la misma certeza que al hombre del mundo.

Están las tempestades de la tentación, que descienden con poder súbito y terrible desde las montañas frías de este mundo. Luego están las tempestades de la enfermedad, de la desilusión y la adversidad, del dolor, que hacen que las olas y los grandes mares se encrespen sobre el alma.

En el mar de Galilea, dicen los viajeros, una barca puede deslizarse suavemente sobre una superficie tersa como el cristal, sin que la rompa ni una sola onda, cuando de repente, sin un instante de aviso, se precipita una tempestad, y casi al instante la barca queda sacudida sobre las olas enfurecidas.

Así sobrevienen muchas de las tempestades de la vida. Las grandes aflicciones llegan cuando no las esperamos. Vivimos en paz en un hogar feliz. En una hora en que todo está sereno, sin previo aviso, el hijo amado a quien tanto queremos yace muerto en nuestros brazos. El amigo en quien confiábamos, y que jamás pensamos nos fallaría, nos resulta infiel. Las esperanzas abrigadas durante años se marchitan entre nuestras manos, como las flores cuando llega la escarcha.

Las tempestades de la vida son casi todas sorpresas repentinas. No muestran señales de peligro días antes para advertirnos. La única manera de estar preparados para ellas es llevar a Jesús con nosotros en nuestra barca.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Life's Storms

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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