La gloria de lo cotidiano

Cuando perder es ganar: la verdadera victoria sobre uno mismo

Un niño regresa triste porque su equipo perdió jugando con limpieza, pero su padre le revela la victoria más importante: haberse conquistado a sí mismo.

Hubo dos juegos

Unos muchachos habían jugado un partido. Un pequeño volvió a casa triste y abatido. Su equipo había perdido. Pero esa no era la causa de su desaliento.

—Mamá —dijo—, Dios estuvo hoy del lado de los niños malos, y ellos ganaron. Verás, nosotros pensamos que íbamos a esforzarnos muchísimo y no nos enojaríamos, ni haríamos trampa, ni diríamos malas palabras, y ni uno solo lo hizo. Pero el otro equipo sí. Juraron, se enojaron y hicieron trampa, y aun así ganaron. No fue justo.

La madre no pudo consolar a su hijo.

Al rato llegó el padre, y la madre lo apartó y le contó en voz baja cómo estaban las cosas. Poco después, el padre dijo:

—Bien, hijo mío, he oído que hoy ganaste.

—Pues —respondió con voz muy solemne—, oíste mal, porque fuimos derrotados.

—Pero yo oí que hubo dos juegos. Oí que perdiste el partido… pero ganaste lo grande y importante: te venciste a ti mismo. No derrotaste a los otros muchachos… pero venciste tus mal genios y tus malas palabras. ¡Felicidades, hijo mío; estoy orgulloso de ti!

El rostro del niño empezó a cambiar.

—Vaya, es verdad, padre —dijo alegremente—. No lo había pensado de ese modo. Dios estaba de nuestro lado, al fin y al cabo, ¿verdad?

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Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: there were two games

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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