«Moab ha reposado sobre sus heces—no ha sido trasegado de vaso en vaso.» Dad a un hombre riqueza; dejad que sus barcos traigan continuamente ricas cargas; que los vientos y las olas parezcan sus siervos para llevar sus naves sobre el pecho del poderoso abismo; que sus tierras den abundancia; que el tiempo sea propicio a sus cosechas; que el éxito ininterrumpido le acompañe; que se mantenga entre los hombres como un próspero comerciante; que goce de salud continua; permitidle con firme ánimo y brillante mirada recorrer el mundo y vivir feliz; dadle el espíritu animoso; que tenga el canto perpetuo en sus labios; que su ojo brille siempre de gozo — y la consecuencia natural de un estado tan apacible para cualquier hombre, aunque sea el mejor cristiano que jamás haya respirado, será la presunción. Aun David dijo: «Yo no seré jamás movido»; y nosotros no somos mejores que David, ni la mitad de tan buenos.
Hermano, cuídate de los lugares llanos del camino. Si el camino es áspero, gracias a Dios por ello. Si Dios siempre nos meciera en la cuna de la prosperidad; si siempre nos meciera sobre las rodillas de la fortuna; si no tuviéramos alguna mancha en el pilar de alabastro; si no hubiera algunas nubes en el cielo; si no tuviéramos algunas gotas amargas en el vino de esta vida — nos embriagaríamos con el placer, soñaríamos que «estamos firmes»; y firmes estaríamos — pero sería sobre una cúspide; como el hombre dormido sobre el mástil, a cada momento estaríamos en peligro. Bendecimos, pues, a Dios por nuestras aflicciones; le damos gracias por nuestros cambios; ensalzamos su nombre por las pérdidas de bienes; porque sentimos que si no nos hubiera castigado así — podríamos habernos vuelto demasiado seguros. La prosperidad mundana continua es una prueba de fuego. «Las aflicciones, aunque parezcan severas — muchas veces se envían en misericordia.»
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: March 10 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.