«La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.» (1 Juan 1:7). Busca, atesora y cultiva de manera constante y habitual un corazón quebrantado por el pecado. No pienses que es una obra que, hecha una vez, ya no debe hacerse más. No la consideres una etapa primaria del viaje espiritual que, una vez alcanzada, nunca vuelve a presentarse en nuestro progreso celestial. ¡Oh, no! Así como en la vida natural entramos al mundo llorando y lo dejamos llorando, así en la vida espiritual la comenzamos en lágrimas de piedad por el pecado y la terminamos en lágrimas de piedad por el pecado, hasta pasar a aquel estado bendito sin pecado, donde Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos. La morada del mal en nosotros, la naturaleza contaminadora del mundo por el que peregrinamos, nuestra constante exposición a tentaciones de toda clase, las muchas ocasiones en que cedemos a ellas, los desarrollos perpetuos de pecado no vistos ni sospechados por otros, la contaminación que se adhiere a todo lo que tocamos, aun lo más espiritual y santo, y la conciencia de lo que un Dios santo debe ver en nosotros cada instante: todo esto debe llevarnos a cultivar aquel espíritu de humildad y contrición, de aborrecimiento y renuncia de nosotros mismos, de mortificación interior y humildad exterior, que pertenece y prueba de verdad la existencia de la vida de Dios en nuestras almas.
¿Y qué impulsa a viajar constantemente a la sangre expiatoria? ¿Qué endulza al Salvador que derramó esa sangre? ¿Qué mantiene tierna y limpia la conciencia? ¿Qué permite al creyente andar con Dios como un hijo amado? Es la sagrada contrición del espíritu humilde, que nace de la contemplación de la cruz de Jesús y, por la cruz, conduce al corazón de Dios. Cristiano extraviado, ¿sientes en tu corazón los albores del dolor piadoso? ¿Lamentas tu extravío, aborreces el pecado que te apartó de Cristo, que contristó al Espíritu y hirió tu propia paz? ¿Anhelas alimentarte de nuevo en los verdes pastos del rebaño, junto al Pastor del rebaño, con la seguridad renovada de que eres una oveja verdadera, del único redil, conocida y preciosa para el corazón de aquel que dio su vida por las ovejas? Entonces acércate al altar del Calvario y sobre él ofrece el sacrificio de un corazón quebrantado y contrito, y tu Dios lo aceptará. La puerta de tu retorno está abierta: el corazón traspasado de Jesús. El cetro de oro que te invita a acercarte está extendido: la mano tendida de un Padre aplacado. El banquete está listo, y los músicos afinan sus arpas para celebrar tu regreso del extravío al corazón y al hogar de tu Padre, con gozo de banquete y con voz de gratitud y melodía.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - January 18
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.