La vida de Cristo para cada día

Dad a César lo de César y a Dios lo de Dios

La respuesta de Cristo reprime dos errores opuestos y nos recuerda que Dios, que nos creó y nos redimió, tiene sobre nosotros los mayores derechos imaginable.

Llenos de astucia y malicia satánicas, los fariseos se acercaron al Señor para hacerle una pregunta que imaginaban no podría responder sin exponerse al peligro: «¿Es lícito dar tributo a César, o no?». César era el emperador romano que había conquistado la nación judía. ¿Podía haber duda alguna de si era justo pagar tributo o impuestos al monarca que los gobernaba? No podía haberla, porque Dios ha mandado la sumisión a los gobernantes. Pero los fariseos entendían tan mal la ley de Dios que consideraban ilícito someterse a un gobernante pagano. En este malicioso designio fueron auxiliados por los herodianos, que estaban dispuestos a obedecer al gobernante romano aun en asuntos ilícitos.

La respuesta del Señor fue como una espada de dos filos. Cuando Jesús dijo: «Dad a César lo que es de César», reprendió los pensamientos secretos de los fariseos; y cuando dijo: «Y a Dios lo que es de Dios», reprendió la doctrina profesada de los herodianos. Es interesante observar cómo los intentos del hombre por confundir al Hijo de Dios solo hacían brotar de sus labios nuevos tesoros de sabiduría. Esta regla nos muestra que, aunque todas las cosas pertenecen a Dios, algunas le son más peculiarmente suyas: hay ciertos derechos que Dios ha dado a los reyes, y estos derechos debemos rendirles.

Pero si es pecaminoso no dar a los hombres lo que (por el nombramiento de Dios) pertenece a los hombres, ¡cuánto más pecaminoso será no dar a Dios lo que pertenece a Dios! Con todo, es en este punto donde somos más negligentes. Cuántos padres hay que dan a sus hijos el amor que les es debido, pero no dan amor a Dios; hijos que honran a sus padres, pero deshonran a Dios; siervos que obedecen a sus amos, pero desobedecen a Dios. Tales personas dirán: «He cumplido mi deber; no he hecho daño a nadie». Pero ¿qué les dirá Dios? ¿No recordará que han pisoteado sus derechos? Dios tiene mayores derechos sobre nosotros que cualquier otro ser: nos creó a su imagen, dotándonos de un alma racional y un espíritu inmortal; y no solo nos creó, sino que nos redimió. Cuando Satanás nos tuvo cautivos, Cristo nos rescató con su sangre preciosa, y ahora nos dice a cada uno: «No sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, que son de Dios».

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ replies to the Pharisees and Herodians respecting paying tribute

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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