Qué alegría sintieron estos magos al contemplar la estrella, nadie lo sabe tan bien como aquellos que, tras una larga y melancólica noche de tentación y desamparo, bajo el poder de un espíritu de servidumbre, reciben por fin el Espíritu de adopción, que da testimonio a su espíritu de que son hijos de Dios. Podemos imaginar qué decepción fue para ellos cuando descubrieron que una humilde cabaña era su palacio, y su propia madre, pobre, la única asistente que tenía. Sin embargo, estos magos no se consideraron frustrados; sino que, habiendo encontrado al Rey que buscaban, le presentaron sus ofrendas. El buscador humilde de Cristo no se escandalizará al encontrarlo a él y a sus discípulos en oscuros ranchos, después de haberlos buscado en vano en palacios y ciudades populosas. ¿Está un alma afanada, buscando a Cristo? ¿Querría adorarle, y dice: ¡Ay! Soy una criatura necia y pobre, y no tengo nada que ofrecer? ¿Nada? ¿Acaso no tienes un corazón, aunque indigno de él, oscuro, duro y sucio? Dáselo tal como es, y disponte a que él lo use y disponga de él como le plazca; él lo aceptará, lo mejorará, y nunca te arrepentirás de habérselo dado. Él lo conformará a su propia semejanza, se dará a sí mismo a ti, y será tuyo para siempre. Las ofrendas que los magos presentaron fueron oro, incienso y mirra. La Providencia envió estas ofrendas como un alivio oportuno a José y María en su presente condición de pobreza. Así nuestro Padre celestial, que sabe lo que necesitan sus hijos, utiliza a unos como mayordomos para suplir las necesidades de otros, y puede proveer para ellos aun desde los confines de la tierra.
Jesús llevado a Egipto (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 2:9-12
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.