LUNES POR LA NOCHE.
Padre celestial, por Tu Espíritu Santo, ayúdanos ahora a orar. Sentimos nuestra debilidad, nuestra ignorancia, nuestras profundas corrupciones. Sin Ti, ningún pensamiento es bueno. Sin Ti, nuestras palabras no pueden ascender al cielo. Pero confiando en Tu amado Hijo, venimos a bendecirte y alabarte, oh Tú, que eres el autor y dador de todo bien, por Tu cuidado lleno de gracia hacia nosotros durante las horas de este día que se va. Somos vil tierra y miserables pecadores, pero Tú has magnificado Tu gracia al coronarnos con misericordia y tiernas piedades.
Te damos gracias por el abundante caudal de bendiciones temporales que ha alegrado nuestra morada. Te damos gracias por el dulce aire que ha refrescado nuestros cuerpos, por la luz de Tu sol glorioso, por el alimento que ha renovado nuestras fuerzas, por el vestido que nos cubre, por la morada que nos cobija. Ningún calor extremo nos hiere. Ningún frío extremo nos aletarga. Las cosas animadas y las inanimadas sirven a nuestro bienestar. No permitas que seamos insensibles a estas misericordias porque son nuestra porción diaria. Capacítanos para leer en cada una de ellas el amor de un Padre. La retirada del menor de estos favores comunes nos llenaría de miseria y angustia. Si Tu cuidado providente se relajara, plaga y pestilencia y hambre y todas las innumerables tribus de males podrían asentarse sobre nuestra tierra.
Reunidos esta noche, libres de toda tribulación externa, seguros, en quietud y en paz, deseamos humildemente ofrecer el tributo de acción de gracias. Nos presentamos a nosotros mismos, nuestros cuerpos, todo lo que somos y todo lo que hay dentro de nosotros, como un sacrificio vivo, santo, aceptable a Ti, que es nuestro culto racional. Tan alta como está Tu mano al otorgar misericordias, tan alta está al apartar el mal. En cada espectáculo de la desgracia ajena, que reconozcamos profundamente nuestra inmunidad, únicamente por Tu amor que nos distingue. Que cada vista de tristeza ahonde en nosotros la gratitud por una exención inmerecida. Cuando nos lleguen noticias a nuestros hogares resguardados de catástrofes y accidentes ajenos, que nuestros corazones agradecidos respondan: «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.»
Mientras así te adoramos por la protección temporal, ayúdanos a elevar aún más nuestras voces al registrar el sostén espiritual. Te damos gracias porque, con el pleno ardor de la fe filial, levantamos la mirada esta noche y clamamos: Abba, Padre. Si Tu Espíritu Santo hubiera retirado Su presencia animadora, tinieblas y dudas habrían oscurecido nuestras esperanzas. Podríamos haber estado hundiéndonos en aguas profundas, donde no hay dónde sostenerse. El enemigo podría haber entrado como una inundación. La noche del desánimo podría haber ennegrecido a nuestro alrededor. Pero por la gracia retenemos nuestra confianza, que tiene grande recompensa de galardón. Esto procede únicamente de Tu bondad. Te damos gracias.
Conocemos por triste experiencia el poder, la astucia y la malignidad de nuestro adversario espiritual. Si este día no nos ha aterrado como león rugiente, es únicamente porque Tú lo has reprimido. Si no ha estado al acecho como áspid en nuestro camino, es por la prevención de Tu brazo que se interpone. Toda la artillería del infierno podría haber sido dirigida contra nosotros. ¡Qué heridas podríamos haber recibido! Lisiados y abatidos, podríamos haber ido con luto hasta la tumba. Pero Tú has sido nuestro escudo, por tanto cantaremos con labios adoradores: «El Señor es nuestra roca, y nuestra fortaleza, y nuestro libertador; nuestro Dios, nuestra fuerza, en quien confiaremos; nuestro escudo, y el cuerno de nuestra salvación, y nuestra torre alta.»
A nuestras alabanzas añadimos humildes oraciones. Tus misericordias son nuevas a la tarde y a la mañana. Grande es Tu fidelidad. Que Tu cuidado protector continúe ahora cuando caen las sombras de la noche. Ayúdanos mientras yacemos impotentes. Alrededor de nuestra morada pon huestes angélicas que velen. Que ninguna alarma perturbe nuestra paz. Que ningún enemigo invada nuestro hogar.
Nuestros cuerpos cansados requieren reposo. Concédenos dulce descanso. Que un sueño agradecido cierre nuestros ojos. Mientras permanezca la conciencia, que nuestros pensamientos conversen con nuestro Dios. Si esta noche nuestras almas son llamadas a partir, que sean llevadas prestamente a nuestro descanso eterno.
Pero si dejamos nuevamente nuestros lechos, que seamos renovados para amarte más, y reanimados para servirte mejor. Extiende estas bendiciones a todos nuestros familiares y amigos ausentes. A todos te los encomendamos a Tu amor más tierno. Que todos ellos cierren este día en paz contigo, por la muerte expiatoria de Jesús. Que se acuesten con la conciencia feliz por la sangre de la aspersión. Y si mañana se levantan, que sea para andar delante de Ti en novedad de vida. Que estas oraciones asciendan por los méritos de Jesucristo. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Henry Law
Título original: Family Prayers — Week 2 MONDAY EVENING
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.