Flores de un jardín puritano

Dar gracias a Dios por las pruebas que nos sacuden

Las pruebas sacuden al creyente como a un árbol: hacen caer las virtudes fingidas y conservan las gracias verdaderas, purificando y embelleciendo el carácter.

"Cuando el árbol es sacudido con fuerza, las manzanas podridas caen al suelo. Así también, en las grandes pruebas, los falsos profesos caerán."

Primero, las pruebas y las aflicciones me prueban, para que yo vea hasta qué punto mis supuestas gracias son reales y vitales. Las que no son sanas pronto se perderán; solo las gracias vivas y crecientes permanecerán.

Segundo, las pruebas y las aflicciones me alivian, pues es algo dañino para el árbol y para su fruto vivo—estar cargado de podredumbre, en la cual pueden criarse gusanos nocivos, que al multiplicarse pueden llegar a ser devoradores de la vida del árbol.

Somos enriquecidos cuando perdemos las virtudes fabricadas. El despojo de los trapos inmundos es un avance hacia la limpieza—¿y qué son las gracias falsificadas sino meros trapos, dignos de ser arrancados y arrojados al fuego?

Al fin, tal resultado de la aflicción también me embellece. Pues así como las manzanas podridas desfiguran el árbol, así la mera pretensión de virtud estropearía mi carácter ante la vista de Dios y de los hombres santos. Siempre es mejor estar abiertamente sin una virtud, que tener la forma de ella sin poseerla en realidad.

Una falsedad—¡es una vergüenza!

Una virtud irreal—¡es un vicio indudable!

Señor, te doy gracias por sacudirme, pues ahora percibo que todo este bien y mucho más es lo que el proceso diseña; y es, confío, en alguna medida llevado a cabo por él. ¡Oh, que tu Santo Espíritu bendiga mis adversidades para este fin!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Lord, I thank you for shaking me!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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