Cada verdadero cristiano es una vela que resplandece en este mundo oscuro. La Biblia habla del espíritu del hombre como la lámpara del Señor. Proverbios 20:27. En nuestro estado natural, antes de la regeneración, somos velas sin encender. Sin embargo, somos velas capaces de ser encendidas, pues Dios nos hizo a su propia imagen, aunque el pecado ha apagado la llama o ha dejado solo una chispa humeante y mortecina. Pero mil velas sin encender en una habitación oscura no harían que la habitación se iluminara; así, cuando recibimos a Cristo en nuestros corazones, el Espíritu Santo toca estas velas con la llama divina, y comienzan a brillar. De este modo, cada creyente se convierte verdaderamente en una lámpara del Señor.
Debemos recordar que nunca podemos brillar por nosotros mismos; que somos luz solo en la medida en que somos iluminados por la vida de Cristo en nosotros. Hemos de dejar que nuestra luz brille; es decir, hemos de mantener la mecha recortada, para que la llama esté siempre viva, y hemos de mantener limpias las ventanas de nuestra vida, de modo que los rayos puedan derramarse sin estorbo. También hemos de procurar tener siempre reservas de aceite para reabastecer nuestras lámparas cuando su llama decrezca; es decir, debemos vivir en comunión constante con Cristo, permaneciendo en Él, para poder extraer siempre de su plenitud.
Entonces, cada uno en su propio lugar, debemos dar luz a otras vidas y hacer más luminoso y feliz, con amor y gracia, el pequeño rincón de este mundo que nos rodea. El gran faro proyecta sus haces mar adentro, pero no ilumina el espacio alrededor de su base. Algunas personas envían su resplandor muy lejos, trabajando por los paganos y realizando obras que benefician al mundo, mientras descuidan iluminar sus propios hogares y las vidas cercanas a ellos. No debemos ser luces así: al enviar nuestra influencia lo más lejos posible, deberíamos vivir de tal manera que seamos una bendición para quienes están más cerca de nosotros.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Let Your Light Shine!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.