Suele haber ideas equivocadas acerca de cómo soportar las ofensas. La gente pregunta: «¿No ha de haber justicia en casos como el de David? ¿Debemos soportar callados el agravio? ¿Y quien hace el mal no recibirá jamás castigo?». Nuestro sentido del bien a veces se siente tan ultrajado que el alma clama en protesta cuando se nos dice que nunca debemos resentirnos ni resistirnos, sino volver la otra mejilla cuando una ya ha sido herida. La enseñanza bíblica es que no nos corresponde a nosotros castigar a quienes nos ofenden. Nuestras torpes manos no son lo suficientemente hábiles para ajustar asuntos tan delicados.
No se nos exige afirmar que el trato que alguien nos dio fue correcto cuando fue evidentemente injusto; pero debemos reconocer la verdad de que el asunto de la justicia pertenece a Dios y no a nosotros; que nuestra parte es ser pacientes y mansos, dejando en las manos de Dios todo el ajuste entre lo justo y lo injusto.
Dos pasajes de la Escritura ayudan a aclararlo: «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor» (Romanos 12:19). «Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga justamente» (1 Pedro 2:23).
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - June 7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.