¿Qué pediremos a Dios que haga?
"No sabemos qué pedir como conviene". Romanos 8:26
Un ministro se sentó junto a un padre y una madre al lado de la cama de un niño que oscillaba entre la vida y la muerte. Estaba a punto de orar por el pequeño que sufría, y volviéndose hacia los padres les preguntó: "¿Qué pediremos a Dios que haga?". Tras unos instantes, el padre respondió con profunda emoción: "No me atrevería a elegir. Déjalo en manos de Dios".
¿No sería mejor dejar siempre la decisión a Dios, permitiendo que Él elija lo que mejor conviene hacer por nosotros o dar a nosotros? No estamos en el mundo para tener comodidad y placer, para tener éxito en los negocios ni para hacer grandes cosas: estamos aquí para crecer en la fuerza y la belleza de la vida y del carácter, para cumplir la voluntad de Dios y para que esa voluntad se forje en nuestra propia vida. Muchas veces...
lo presente debe sacrificarse por lo futuro,
lo terreno debe renunciarse para ganar lo celestial, y
el dolor debe soportarse para el refinamiento y enriquecimiento espiritual.
Cristo no busca quitarnos la carga: más bien, quiere hacernos fuertes y valientes para llevarla.
Si estamos dispuestos a dejar que Dios elija por nosotros y a aceptar lo que Él nos da, nunca dejaremos de recibir lo mejor: tal vez no lo que el mundo llamaría lo mejor, pero siempre lo mejor de Dios. No sabemos qué pedir como conviene, y será mejor dejarlo en manos de Dios.
Deberíamos estar contentos de dejar la guía y las decisiones de nuestras vidas en Sus manos. Pensemos en cuán sabio es Él: lo sabe todo, sabe elegir lo mejor para nosotros. ¿Quién no sabe que esto es mejor, más seguro y más sabio que si nosotros mismos eligiéramos el camino?
La oración más verdadera es muchas veces aquella en la que nos acurrucamos en el seno de Dios y descansamos allí en silencio. No sabemos qué pedir, y no nos atrevemos a pronunciar ni una sola palabra por temor a que sea la palabra equivocada; por eso simplemente esperamos delante de Dios en quietud y confianza. Sabemos que nuestro Padre hará lo que es mejor, y confiamos en que haga lo que Él quiera.
Estamos seguros de que Dios podría librarnos de las cosas que tanto nos cuesta soportar: podría, si así lo deseara. Este es el mundo de Dios, y nada puede escapar de Sus manos. Todo lo que tenemos que hacer es presentar nuestra necesidad ante el trono de la misericordia y dejar que Dios nos responda como Él quiera.
Se cuenta una hermosa historia de un hogar piadoso en el que había dos niños gemelos muy amados. En ausencia del padre, ambos niños murieron de repente. Cuando el padre regresó, sin saber del dolor que había en su casa, la madre lo recibió en la puerta y le dijo: "He recibido una visita extraña desde que te fuiste".
"¿Quién era?", preguntó el padre, sin sospechar su intención.
"Hace cinco años", respondió su esposa, "un amigo me prestó dos joyas preciosas. Ayer vino y me pidió que se las devolviera. ¿Qué debo hacer?".
"¿Son de él?", preguntó el padre, sin imaginar su intención.
"Sí, le pertenecen y solo me fueron prestadas".
"Si son suyas, debe volver a tenerlas, si así lo desea".
Llevando a su esposo a la habitación de los niños, la esposa bajó la sábana, descubriendo los hermosos cuerpos, blancos como el mármol. "Estas son mis joyas", dijo la madre. "Hace cinco años Dios me las prestó, y ayer vino y me las pidió de nuevo".
"Yendo un poco más allá, se postró con el rostro en tierra y oró: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú". Mateo 26:39
"Oh Padre mío, si esta copa no puede pasar de mí sin que yo la beba, hágase tu voluntad". Mateo 26:42
"¡Hágase la voluntad del Señor!". Hechos 21:14
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: What shall we ask God to do?
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.