La mente de Jesús

Descansa bajo la voluntad del Padre

Cristo vivió toda su vida en sujeción filial al Padre, mostrándonos el camino de la dependencia confiada en Dios.

Jesús, como Dios-hombre, tenía la omnipotencia adormecida en Su brazo. Tenía los tesoros acumulados de la eternidad en Su mano. Solo tenía que "hablar — y era hecho." Pero como ejemplo para Su pueblo, toda Su vida en la tierra fue un acto impresionante de subordinación y dependencia. En Nazaret estaba "sujeto a sus padres." Allí permaneció en estudiada oscuridad, ocupando durante treinta años una humilde morada, dispuesto a continuar en estado de retiro hasta que el llamamiento del Padre le condujera a Su obra designada.

En Su bautismo, siendo Él mismo sin pecado, da esta razón para recibir un rito de pecadores de manos de un pecador: "Permítelo ahora, pues así me conviene cumplir toda justicia." El mismo hermoso espíritu de sujeción filial brilla de manera conspicua en medio de Sus actos de portentoso poder. Aun entre Sus propios discípulos Su lenguaje es: "Yo estoy entre vosotros como el que sirve." Con un acto de sumisión cerró Su peregrinaje y Su obra de amor: "Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu."

¡Qué ejemplo para nosotros, en todo esto, es nuestro amado Señor! Ciertamente, si Él — "el único sabio Dios" — el Autoexistente, a quien "se le confió todo poder" — el Sin pecado, jamás propenso a errar, sobre quien "el Espíritu fue derramado sin medida" — si manifestó tal dependencia habitual de Su Padre celestial, ¡entonces cuán fervorosamente debiéramos nosotros, criaturas débiles, errantes y falibles, buscar vivir cada hora — cada momento — como pensionistas de la gracia y el amor de Dios, siguiendo Su mano directriz en todo! Como el siervo tiene los ojos en su amo, o el hijo en su padre, "así deben estar nuestros ojos en el Señor nuestro Dios." Sea lo que fuere que Él hable, sea nuestro, con toda docilidad, seguir la voz, ratificando cada pronunciamiento de la providencia y cada precepto de la Escritura con las palabras mismas de nuestro Señor: "¡Esta es la voluntad del Padre!"

Guárdate de la autosuficiencia. El primer paso en el declive espiritual es este: "¡Aquel que piensa que está firme!" El secreto de la fortaleza verdadera es este: "¡Guardado por el poder de Dios!" ¡Cómo endulza todas nuestras bendiciones y alivia todas nuestras penas el considerar ambas como emanaciones de la mano de un Padre amoroso! Aun si fuésemos como los discípulos de antaño, "forzados" a entrar en la barca; si todo fuera tinieblas y tempestad — providencias adustas — "el viento contrario;" ¡cuán bendito es sentir que al embarcarnos en el elemento inquieto, "el Señor nos lo ha mandado!" Pablo no podía hablar siquiera de emprender un viaje terreno sin el paréntesis: ("si el Señor quiere.")

¡Cuántas pruebas, penas y pecados nos ahorraría si esto fuera el regulador habitual de nuestra vida diaria! Nos conduciría a un sereno contentamiento con nuestra suerte, acallando toda sugerencia inquietante con el pensamiento de que nuestra suerte, con todo lo que en ella parece adverso, fue ordenada para nosotros. Nos enseñaría no ambicionar cosas grandes, sino esperar humildemente la voluntad y los propósitos de un sabio Proveedor; no adelantarnos a nuestro Guía celestial, sino seguirle, diciendo en mansa sujeción: "Señor, mi corazón no es altivo, ni mis ojos altaneros. No me ocupo de cosas demasiado grandes ni demasiado asombrosas para mí. Sino que he aquietado y sosegado mi alma, como un niño destetado con su madre. ¡Sí, como un niño destetado está mi alma dentro de mí!"

"Armaos asimismo del mismo sentir."

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: SUBJECTION

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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