La voluntad de Dios permanece firme, tan inmutable como Él mismo. Nuestras voluntades fluctúan sin cesar, pero la suya no cambia. Ya que esa voluntad vive y gobierna siempre, nuestra mayor sabiduría y nuestra más rica misericordia consisten en someternos a ella y ser conformados a ella. Para ustedes que desean temer su nombre, la voluntad de Dios no es su destrucción, sino su salvación; su provecho presente y su felicidad futura; su gracia ahora y su gloria eterna. Y el Espíritu intercede por ustedes conforme a la voluntad de Dios, pues ¿no es su anhelo más profundo que su alma sea salva y bendecida, que sirvan a Dios y vivan para su gloria, y que al morir estén con Él para siempre?
Postrense, entonces, a sus pies. Sean el barro, y dejen que Él sea su alfarero celestial. No piensen en salvarse a sí mismos ni en poner su propia mano en la obra graciosa de Dios. Acepten ser nada; desciendan aún más, dispuestos a ser menos que nada, para que Cristo sea todo en todos. Codicien por encima de todas las cosas el aliento intercesor del Espíritu, pues al poseerlo tendrán una prenda segura de que Él los guiará en la vida, los sostendrá en la muerte y los llevará a la gloria. Con su guía no podremos errar; con sus brazos sostenedores no podremos caer; enseñados por Él veremos con claridad el camino de la vida, y sostenidos por su fuerza lo recorreremos sin temor.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: December 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.