Las vigilias matutinas

Despertar con cántico en la aurora de la resurrección

Cada amanecer terrenal acerca al creyente al alba gloriosa de la inmortalidad. Cristo resucitó y su tumba vacía es la prenda cierta de que también nosotros viviremos con él.

Dios misericordioso, has vuelto a disipar las tinieblas de otra noche. Cada sol que se levanta me acerca al alba gozosa de la inmortalidad. Concede que, cuando suene la trompeta y los muertos resuciten, pueda escuchar sin temor el llamamiento: «He aquí el Esposo viene, salid a recibirle».

Mi oración es participar ya de la bienaventuranza de la primera resurrección, la de la muerte del pecado. Como uno vivo de entre los muertos, que camine con un Salvador vivo en novedad de vida, para compartir también en la resurrección más gloriosa de sus santos redimidos, cuando sus muertos vivirán y junto con su Cuerpo se levantan, obedeciendo el mandato gozoso: «Despiértense y canten, los que moran en el polvo».

Bendito Jesús, me regocijo en tu triunfante salida del sepulcro. Me consuela visitar en pensamiento tu sepulcro vacío y escuchar: «No está aquí, ha resucitado». Es la prenda y anticipo seguro de mi redención del poder de la tumba: «porque yo vivo, también vosotros viviréis». Que mi vida esté ahora escondida con Cristo en Dios, para que cuando él, que es mi vida, se manifieste, yo también me manifieste con Él en gloria.

Mantén mi lámpara de fe y amor encendida. Que nunca sea para mí la noche de horror que dice: «Mi lámpara se ha apagado». Hazme estar entre el número de «los siervos que esperan», para que, cuando mi Señor venga y toque, le abra enseguida.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: FOR A JOYFUL RESURRECTION

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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