El Señor ve a sus pobres peregrinos esparcidos viajar por un valle de lágrimas, atravesando un desierto aullante, un camino sembrado de cepos, trampas y lazos en todas direcciones. ¿Cómo pueden escapar? Pues el Señor guarda sus pies, los lleva por todo lugar áspero como un padre tierno lleva a un niño pequeño; cuando están a punto de caer, pone graciosamente los brazos eternos debajo de ellos, y cuando tropiezan y sus pies están para resbalar, los sostiene misericordiosamente de caer del todo. Así el Señor guarda los pies de sus santos.
Pero ¿piensas que no tiene modos distintos para pies distintos? El Dios de la creación no ha hecho dos flores, ni dos hojas en un árbol, iguales; ¿y hará que todo su pueblo camine por precisamente el mismo sendero? No; tenemos cada uno nuestro camino, cada uno nuestras troubles, cada uno nuestras pruebas, cada uno trampas y lazos singulares tendidos a nuestros pies. Y la sabiduría del Dios todo sabio y único sabio se muestra en tener sus ojos en todo lugar, marcando las huellas de cada peregrino, adaptando sus remedios a su caso y necesidad individual, apareciendo por ellos cuando nadie más podría hacerles bien; velando con tal ternura sobre ellos, como si los ojos de su afecto estuvieran fijos en un solo individuo, y notando con cuidado el andar de cada uno, como si todos los poderes de la divinidad se concentraran en aquella persona para guardarla del daño.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: February 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.