Si hay mucho que abate al hijo de Dios, hay más que lo levanta. Si en su camino a la gloria hay muchas causas de desánimo del alma, de tristeza del corazón y de desasosiego mental, sin embargo, en esa sola verdad —Dios consuela a los desconsolados— tiene un contrapeso infinito de consolación, gozo y esperanza. Que «Dios consuela a los que están abatidos», su propia verdad lo declara. Está en su corazón consolarlos, y está en su poder consolarlos. Él combina el deseo, profundo y anhelante, con la capacidad, infinita y sin límites. No así la criatura más cariñosa y tierna. El dolor suele ser demasiado profundo y sagrado para que la simpatía humana lo alcance. Pero lo que es insondable para el hombre es poco profundo para Dios.
He dicho que está en el corazón de Dios consolar a su pueblo. Todo cuanto ha hecho para promover su consuelo lo prueba. Ha mandado a sus ministros que les hablen al corazón. Ha enviado su palabra para consolarlos. Ha depositado todo consuelo y consolación para ellos en el Hijo de su amor. Y además de todo esto, les ha dado su propio Espíritu, para conducirlos a las fuentes divinas de toda consolación que Él ha provisto. ¿Quién podría consolar a los desconsolados sino Dios? ¿Quién podría hacerse cargo eficazmente de su causa sino Él mismo? Solo Él conoce su dolor, y solo Él podría remediarlo. No hay un instante en que Dios no esté empeñado en el consuelo de los abatidos. Todos sus tratos con ellos tienden a esto, incluso los que parecen adversos y contrarios. ¿Hierve? Es para sanar. ¿Causa profundo dolor? Es para convertir ese dolor en un gozo más profundo. ¿Vacía? Es para llenar. ¿Abate? Es para volver a levantar. Tal es el amor que lo mueve, tal la sabiduría que lo guía, y tal también el fin asegurado en la conducta disciplinaria del Señor con su pueblo. Querido lector, está en el corazón amoroso de Dios hablar al corazón afligido tuyo. Que el Espíritu Santo te permita recibir esta verdad con fe sencilla, y tu pesar, sea cual sea su causa y su grado, queda más que a medio mitigado. Escucha sus palabras: «Yo, yo soy el que os consuela». Mira con cuánto empeño hace esta declaración. ¡Cuán solícito parece por imprimir esta verdad en el corazón —que consolar a sus propios santos probados es su sola prerrogativa y su infinito deleite! «Yo, yo soy el que os consuela».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.