¡Cuántos títulos y relaciones de Dios, apropiados a nuestras circunstancias y entrañables a nuestro corazón! ¿Hay alguno más sagrado o precioso para la viuda cristiana que este: «Tu Hacedor es tu esposo»? El Señor nos lleva a un conocimiento grato y experimental de Sí mismo mediante las circunstancias en que nos coloca. Así como aprendemos ciertas lecciones en ciertas escuelas, aprendemos las relaciones que el Señor sostiene para con nosotros en las posiciones de la vida donde esas relaciones divinas resultan más apropiadas. Quizá te ha escrito viuda, «viuda en verdad», para sostener contigo una relación nueva y más entrañable, así como tú te hallas ante Él en un carácter nuevo y más dependiente: la relación de esposo, el carácter de viuda. Tu pérdida es tan irreparable, tu desolación tan vasta, que la pluma se estremece al intentar describirla. El báculo fuerte y hermoso está quebrado, el consejero terrenal ha perecido, muda está la lengua que te bendijo, frío el seno que te sirvió de apoyo, y todo el paisaje de la vida se viste de frialdad y lobreguez invernal.
Pero el Señor es tu porción. «Porque tu Hacedor es tu esposo; el Señor de los ejércitos es su nombre». Separada por la muerte de un esposo terrenal, estás unida de manera más estrecha y especial a un esposo divino y celestial, a Dios en Cristo, que sostiene ahora contigo una relación nueva y más entrañable. La viuda es objeto de su especial cuidado. Ningún ser ha cercado Él con mayor protección, ninguno por quien haya manifestado más tierna solicitud. Todo, e infinitamente más, de lo que el esposo más tierno, fuerte y fiel pudo ser, el Señor lo es para ti. Permite que Él, como ninguno otro puede, llene el lugar vacío. Puede hacer que aun tu corazón solitario y desolado cante de gozo. Desposa de nuevo a Cristo. Renueva tu primer amor hacia Él.
No veas sino amor en la partida de un ser tan amado; y sabe que el amor, divino, tierno e inmutable, te guardará, guiará y consolará hasta que los corazones desposados, separados por la muerte, se reúnan para renovar en la presencia glorificada de Jesús una comunión de amor que nunca más será separada. Y si además de la soledad de la viudez cargas con la responsabilidad de madre, tus hijos, ahora medio huérfanos, tienen doble derecho al cuidado y provisión de Dios. El Señor también te da mandatos de misericordia: «No afligirás a la viuda» y «Defiende a la viuda». Dios será ahora, en su sentido más pleno, el Padre de tus hijos. ¡Ten fe en Dios! ¡No quebrantará su cuidado contigo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE LORD MY HUSBAND
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.