Pareciera que en esta maravillosa cadena hay dos eslabones: el propósito de Dios y su consumación final, tan remotos e invisibles que llevan la mente a una creencia serena en ciertas doctrinas que pertenecen a las cosas profundas de Dios. Aunque los dos extremos deban quedar invisible y misteriosamente cerrados en la mano de Dios, hay eslabones intermedios visibles de los cuales puede echar mano el lector perplejo, y será salvo. No es esencial para nuestra salvación levantar el velo de aquel misterio y penetrar las profundidades de una predestinación pasada y una gloria futura; pero sí es esencial que seamos llamados por Dios y justificados por él. Podemos llegar al cielo sin sondar el abismo del uno, y con visión tenue de la magnificencia del otro; pero no podemos llegar al cielo sin la gracia del Espíritu ni la justicia de Cristo.
Es Dios quien justifica. Creemos que muchos comprenden de manera imperfecta esta doctrina cardinal y ven con poca claridad sus frutos. La seguridad en que coloca al creyente, la libertad, la paz y la esperanza que le otorga, son puntos oscuros para muchos. Mucho del cristianismo débil y enfermizo se debe a las concepciones sombrías y confusas que se forman de Dios al no ver con claridad la parte que él tomó en nuestra justificación. Que nuestra fe rastree el acto de nuestra justificación hasta Dios, y nos habremos puesto en un terreno de osada confianza frente a todos nuestros enemigos.
Considerad la verdad así: ¿Contra quién habéis pecado? Adoptando la confesión de David, exclamáis: Contra ti, contra ti solo he pecado. Habiendo pecado contra Dios, de Dios esperabais la condenación. Habíais violado su ley, y de los labios del Legislador aguardabais la sentencia. ¡Y he aquí! Él se declara a vuestro favor. Desciende de su tribunal, se pone en vuestro lugar y se profesa vuestro Justificador. Es Dios quien justifica. Sobre vosotros, culpables que tembláis ante su tribunal, él echa su propia justicia, la cual es para todos y sobre todos los que creen, y desde ese momento sois justificados. ¿Seremos indiferentes a la parte que el Padre tomó en nuestra aceptación? ¡Oh, no! Él es quien pronuncia vuestra absolución, y de sus labios resuenan las palabras gloriosas: Ninguna condenación. Es Dios quien justifica.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - June 20
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.