Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Dios pide entregarte por completo y sin reservas a su amor

Dios no se contenta con honra, obediencia ni servicio aislados; pide nuestro amor entero. Como la criatura que solo entrega hojas sueltas, Cristo reclama la consagración completa de la vida.

Hemos de notar, en primer lugar, que lo que Dios quiere es amor. Podemos darle el más alto honor de nuestra vida, pero Él no se satisface con el honor. Debemos obedecerle. Él es nuestro Dios y nuestro Rey, y le debemos la más plena obediencia. Pero la obediencia no basta. Le debemos también servicio, pues le pertenecemos, y debemos derramar nuestra vida por Él. Sin embargo, no es el honor, ni la obediencia, ni el servicio lo que este mandamiento exige. Hemos de AMAR a Dios. Si nos fuera posible tributarle un honor, una obediencia y un servicio como el que ofrecen los ángeles, y aun así no le amáramos, Él no quedaría satisfecho. Nada sino el amor le satisfará.

Se nos dice aquí también la medida del amor que hemos de dar a Dios. Ha de ser un amor que lo absorba todo. Dios no quiere corazones a medias. Debemos amarle supremamente, más que a todos los tiernos amigos, más que a todas las cosas del mundo. Este amor, entonces, ha de arrastrar tras de sí la vida entera: la mente, el alma, las fuerzas; ha de conducir a una verdadera y completa consagración.

Supongamos que una madre entrega a su hija una hermosa planta en flor y le dice que la lleve a una amiga enferma. La niña se lleva la planta y, al llegar a la puerta de la amiga, arranca una sola hoja y se la da, quedándose ella con la planta. Luego, una y otra vez, cada semana, arranca otra hoja, o un botón, o una flor, y se la lleva a la amiga, conservando todavía la planta. ¿Ha obedecido? Solo la entrega de la planta entera sería obediencia. Pues bien, Dios pide todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas de nuestra vida, y nosotros arrancamos de vez en cuando una pequeña hoja de amor, un botón, una flor de afecto, o un racimo de fruto, y le damos estas pequeñeces, guardándonos la vida misma. ¿No diremos: "Dejadle tomarlo todo"? ¡Este primer mandamiento exige la completa consagración de toda la vida a Dios!

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Let Him Take All

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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