Se dice que cuando una rama del árbol es herida, todo el árbol comienza a derramar su vida hacia el lugar lastimado para restaurarlo. De esa manera Cristo sana a los suyos cuando son quebrantados por el dolor. «Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación».
Hay campos donde alguna vez ardieron encarnizadas batallas, donde grandes ejércitos contendieron y corrió la sangre, y donde ahora los pájaros entonan dulces cantos, en los días de verano florecen las flores, los prados se ven verdes de hierba ondulante y se inclinan las cosechas que maduran. Así hay hogares donde alguna vez se cernieron las oscuras nubes del dolor, corrieron las lágrimas y se oyeron gritos de angustia, y donde ahora resuenan cantos de gozo y sonríen rostros alegres. El consuelo de Dios ha sanado a aquel hogar quebrantado.
Muchas son las maneras en que Dios restaura la devastación del dolor. Envía nuevas bendiciones en lugar de las antiguas que quitó, así como nuevas flores brotan en lugar de las que se marchitan. Y esconde, además, una bendición en el mismo corazón del dolor.
El duelo es como la nube que se acerca con sus oscuros presagios al cielo azul del estío. Borra el azul y llena el aire de terrores. Los relámpagos destellan, los truenos retumban; pero del seno de la negrura se derrama la lluvia suave. Así viene la nube del dolor con su aspecto sombrío y amenazante; pero vacía bendiciones sobre la vida, llevando en sí misma su propia fuerza de restauración.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - May 22
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.