Nunca están los impíos más lejos del blanco, nunca cometen un error más suicida y fatal, que cuando ponen su mano de injusticia y opresión sobre los santos del Altísimo. Dios está por ellos. Él es el vengador de cuantos confían en Él, de la viuda y del huérfano; y quien los toca, toca la niña de su ojo. «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?». Una sencilla historia misionera ilustra esta verdad. Un pequeño grupo de misioneros en las islas Fiyi se encontró una noche rodeado por una turba de guerreros armados dispuestos a destruirlos. Incapaces y reacios a pelear, cerraron la puerta y se dedicaron a orar. De pronto, el grito de guerra cesó. Al abrir, hallaron a un solo hombre. «¿Dónde están tus jefes?», le preguntaron. «Se han ido», respondió; «oyeron que oraban a su Dios, y supieron que su Dios es un Dios fuerte, y se marcharon». ¡Cuán cierto es este testimonio! El Dios de los cristianos es un Señor fuerte, y toda su fuerza está del lado de su pueblo.
El pueblo del Señor es un pueblo oprimido. Los impíos los oprimen, el pecado los oprime, las aflicciones los oprimen, las tentaciones, las necesidades y las enfermedades los oprimen; y, por doloroso que sea, aun los santos a veces los oprimen, pues algunas de las heridas más hondas son forjadas por la mano de un hermano. Sin embargo, el Señor se levanta por sus oprimidos. Él es el vengador de todos ellos. «Dios es el que me venga», dice David. Entrégale, alma mía, la vindicación de tu causa y la reparación de tu agravio, y Él hará brillar tu justicia como la luz. Jesús fue un Salvador que suspiraba: muchas veces «gimió en su espíritu». Y aún hoy simpatiza con los suyos que gimen a causa del pecado, del sufrimiento y de la necesidad. El suspiro que brota de un corazón quebrantado sube al cielo como música ante el gran Sumo Sacerdote y despierta los ecos de su corazón compasivo. «Señor, soy oprimido; aboga tú por mí». Da al viento tus temores; espera y no desmayes: Dios oye tus suspiros, cuenta tus lágrimas y levantará tu cabeza.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE LORD, THE SAINTS' AVENGER
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.