La Hora de Silencio

Dios siempre cerca: en él vivimos y nos movemos

Si en Dios vivimos, nos movemos y existimos, nuestra ceguera, ingratitud y atraso deben llevarnos a buscar comunión más honda con él cada hora.

¡Cuán cerca Dios se acerca a mí! ¡Cuán indispensable me es Dios! En él vivo, me muevo y existo.

Pero debo estar muy CIEGO. Pues veo tan poco de su cercanía y de su obrar. Las causas secundarias ocupan mucho más espacio en mis ojos que la grande y adorable Causa primera. Señor, aviva mi visión torpe y embotada, para que sienta que estás a mi lado ahora.

Y debo estar muy INGRATO. Pues no alabo ni adoro con humildad y de todo corazón al Rey de mis días y de mis noches. Él lo planifica y dispone todo: el viento del este y el viento del oeste, la lluvia y el sol, el invierno y el verano, la tempestad y la calma. Todo lo hace cooperar para mi bien. Debería cantarle diez veces más a menudo; debería amarlo diez veces más.

Y debo estar muy ATRASADO. Pues con un Dios tan cerca de mí y tan perpetuamente ocupado en mí, ¡cuánto debería estar creciendo en sabiduría en los misterios divinos, y cuán fuerte debería ser en la vida divina! Mi comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo — y por ello la mía debería ser una estatura elevada y un corazón entendido. ¿Pero es así? ¿Es así? ¿Estoy aprendiendo nuevas lecciones de verdad y de gracia hora tras hora?

¡Oh, que pueda comenzar, continuar y terminar todos mis pensamientos y caminos en él!

Fuente y atribución

Autor original: Alexander Smellie

Título original: The Hour of Silence — Acts 17:28

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.

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