En Florencia, una de las joyas del arte admiradas por miles de visitantes es la representación en mármol que Miguel Ángel hizo del joven David. El pastorcillo se yergue con pie firme, la piedra apretada en su mano derecha, lista para ser lanzada en su santa misión. Cuando la estatua fue descubierta, hace ya trescientos cincuenta años, causó una sensación sin precedentes entre todos los amantes del arte. Es, en verdad, una obra de escultura maravillosa.
Pero lo singularmente conmovedor en la historia de esa estatua es que fue la segunda oportunidad de la piedra. Un escultor comenzó a trabajar sobre un noble bloque de mármol, pero, falto de habilidad, sólo lo destrozó y malogró. Entonces fue abandonado como estropeado y sin valor, y echado a un lado. Durante años permaneció en un patio trasero, sucio y ennegrecido, medio escondido entre la basura. Por fin Angelo lo vio, y al instante percibió sus posibilidades. Bajo su mano diestra, la piedra fue tallada hasta alcanzar la encantadora y prodigiosa hermosura que aparece en la estatua de David.
Así también, Dios puede tomar los fragmentos rotos de una vida, destrozada por el dolor o por el pecado, y con ellos hacer una vida nueva cuya música estremecerá muchos corazones. Si alguien está desalentado, si la vida parece estar irremediablemente rota, el evangelio del amor divino trae aliento. No hay ruinas de la vida de las cuales Dios no pueda construir belleza y bendición.
Dios es infinitamente paciente con todos cuya suerte es dura. Nunca nos exige más de lo que podemos hacer. Nunca es irrazonable. Sabe cuándo las cargas son demasiado pesadas para nosotros. Una vez Él, «cansado del camino, se sentó junto al pozo» en su agotamiento. Él simpatiza con los cansados y los ayuda.
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Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: the broken fragments of a life
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.