Oh Señor eterno, cuyo nombre y naturaleza es amor, te bendigo porque soy otra vez invitado a tu presencia. ¿Qué soy yo para que se me permita hablar al Dios infinito? Pudo haberme dejado por la eternidad como monumento de tu justa venganza, y conocerme solo como «fuego consumidor». Pero tus caminos no son como los del hombre, y la misericordia se acuerda de mí cuando pudo venir el furor hasta lo sumo.
Deseo comenzar este día bendiciéndote por tu «don inefable», Jesús, el Hijo de tu amor. Adorado sea tu nombre, pues la culpa de mi pecado, que la santidad de tu ley no podía cancelar de otra manera, fue transferida a él; como el chivo expiatorio de su pueblo, llevó la enorme carga a la tierra del olvido, para no recordarse más. Santifícame y séllame en cuerpo, alma y espíritu, y preséntame al fin «irreprensible ante la presencia de tu gloria con gran gozo».
Mi Dios, confío en que mis intereses por el tiempo y la eternidad están a tu cuidado. Tú eres «solo sabio», «justo en todos tus caminos y santo en todas tus obras». Encomiendo a ti mi camino y mis obras. Si mi senda está cercada de espinas, «guíame con tu consejo» y no dé yo ningún paso sin tu aprobación. Que mi mayor anhelo sea oír tu voz que dice: «Este es el camino, anda por él», sabiendo que, aunque el hombre yerre, Dios nunca yerra.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: FOR WISDOM IN PERPLEXITY
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.