A todo creyente se le concede algún don de gracia, para su mutuo auxilio. Todo se da según le parece mejor a Cristo para conceder a cada uno. Él recibió para ellos, a fin de darles, una gran medida de dones y gracias; en particular, el don del Espíritu Santo. No un mero conocimiento intelectual, ni el solo reconocer que Cristo es el Hijo de Dios, sino aquel que trae confianza y obediencia. Hay una plenitud en Cristo, y una medida de esa plenitud dada en el consejo de Dios a cada creyente; pero nunca llegamos a la medida perfecta hasta que lleguemos al Cielo. Los hijos de Dios van creciendo mientras estén en este mundo; y el crecimiento del cristiano tiende a la gloria de Cristo. Cuanto más se halla un hombre movido a emplear, en su estado y según su medida, todo lo que ha recibido, para el bien espiritual de otros, con mayor certidumbre puede creer que tiene la gracia del amor y la caridad sinceros arraigada en su corazón.
A la pureza y santidad (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Ephesians 4:7-16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.